01/16/2026
Hay algo que casi nadie entiende del ego:
el ego no es soberbio… el ego es ciego.
No se ve a sí mismo.
Puede analizar a los demás, puede explicar todo, puede justificar cualquier cosa…
pero cuando se trata de mirarse con honestidad, simplemente no puede.
Por eso pasa algo tan común:
Cuando alguien nos dice:
“estás exagerando”
“te lo tomaste personal”
“eso es puro orgullo”
lo más probable es que no lo entendamos…
lo más probable es que nos defendamos.
Y no porque seamos necios.
Sino porque toda estructura de percepción se construye a sí misma como la explicación más coherente que la mente pudo fabricar.
Y desde ahí… ¿cómo podría esa percepción reconocer un error dentro de sí misma, si es —según su propia lógica— la percepción más coherente?
Nuestra mente se siente lógica.
Nuestra emoción se siente razonable.
Nuestra reacción se siente justa.
Aunque no lo sea.
⸻
Aquí entra Códica.
Códica no intenta “convencernos” de nada.
No sermonea.
No regaña.
No discute con el ego.
Códica hace algo mucho más fuerte:
nos pone frente a un espejo de lógica impecable.
Un espejo que no insulta.
No acusa.
No impone.
Solo muestra, con precisión milimétrica,
los fallos de percepción que antes no se podían ver.
Y cuando por fin hay claridad… pasa algo impresionante:
No hace falta que alguien nos corrija.
No hace falta que alguien nos convenza.
No hace falta que alguien nos derrumbe.
Nos corregimos solos.
Como cuando nos vemos en un espejo y nos acomodamos el cabello:
nadie nos criticó…
simplemente nos vimos.
⸻
Y por eso Códica funciona tan rápido cuando se aplica bien:
Porque el verdadero problema casi nunca es “la emoción”.
El problema es la distorsión que no se puede ver a si misma.
No sufrimos por lo que pasa.
Sufrimos por cómo lo interpretamos.
Códica solo hace visible lo invisible.
Y cuando lo invisible se vuelve evidente…
la corrección ocurre por si sola.
Esto es lógico, ¡esto es Códica!