11/05/2025
La escena clásica. Tu hijo corre hacia ti con una hoja en la mano, ojos brillantes: “¡Mamá, mira, te lo hice a ti!”
Tú lo miras (mientras piensas en el almuerzo) y dices: “Ah, qué bonito, mi amor. Gracias. Pégalo en la nevera”.
Como Licenciada en Pedagogía Infantil, te lo digo: acabas de cerrar la puerta a la conversación más importante del día.
Un dibujo de un niño NO es un “producto”, es una INVITACIÓN.
En esos “garabatos”, tu hijo te está “hablando” de sus miedos, de sus alegrías, de con quién se siente seguro, de cómo está madurando su cerebro. Es una radiografía de su mundo interior.
Por favor, la próxima vez no “adivines” (“¿Es un perro?”).
No cierres la puerta (“Qué lindo”).
Detente 30 segundos, agáchate, míralo a los ojos y usa la frase mágica que lo abre todo:
“Wow. Cuéntame todo sobre este dibujo”.
Te sorprenderás de lo que descubrirás.
¿Qué te han dibujado últimamente? ¡Te leo!
Valiosa info de