Lic. Daniel Argibay

Lic. Daniel Argibay LIC. DANIEL ARGIBAY
PSICÓLOGO

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01/14/2026
01/13/2026
FALLIDO INTENTO DE SUBROGAR FAMILIA AUSENTE  —ausente, disfuncional, fallida, padres delincuentes psicópatas, y no vivid...
01/11/2026

FALLIDO INTENTO DE SUBROGAR FAMILIA AUSENTE
—ausente, disfuncional, fallida, padres delincuentes psicópatas, y no vivida como sostén—

No se borra porque de pronto aparezca una familia política demandante. No es un “reemplazo”.
Muchas veces, es vivido como una intrusión más que como un alivio.
Los tiempos que los demás pretenden sea descanso se transforman en un escenario donde:
se impone una pertenencia que no fue construida desde la historia,
se espera gratitud por algo que no fue pedido,
y se reactiva, silenciosamente, el duelo por lo que no se tuvo.
No es solo “ juntarse con la familia política”. Es el choque entre:
una subjetividad hecha a fuerza de autonomía, soledad o auto-sostén,
y un sistema familiar ajeno que funciona con reglas, rituales y expectativas implícitas.
Ahí suele aparecer el cansancio, la incomodidad, incluso el enojo sin objeto claro. No es rechazo a esas personas en sí, sino a la obligación de habitar un lugar que no se siente propio, y encima en el tiempo que "debería" ser más libre.
También puede haber algo más fino: cuando nunca hubo familia, no se aprendió a negociar lo familiar. No se sabe cómo decir “hasta acá”, cómo dosificar presencia, cómo no quedar absorbido. Y entonces todo es demasiado.
No es ingratitud.
No es inmadurez.
Es historia.
Y tal vez la pregunta no sea cómo adaptarse mejor a esas vacaciones, sino qué lugar propio es posible construir sin quedar exiliado de uno mismo. A veces, poner límites no separa, ordena. Otras, revela que algo necesita ser dicho desde hace mucho.

HISTERIA Y MANIPULACIÓN DE LA DINAMICA FAMILIAR Si bien es cierto que no lo hace, necesariamente, desde la intención con...
01/10/2026

HISTERIA Y MANIPULACIÓN DE LA DINAMICA FAMILIAR

Si bien es cierto que no lo hace, necesariamente, desde la intención consciente de dañar, sino desde una economía psíquica organizada alrededor del deseo, la falta y la demanda de reconocimiento, no deja de tener sus efectos en el entorno.
En estas configuraciones, la HISTERICA tiende a ocupar el centro de la escena afectiva, generando alianzas, rivalidades y desplazamientos que mantienen a la familia en un estado de tensión permanente. La palabra, entonces, lejos de ordenar, dramatiza o confunde.
El malestar se expresa más en actos, climas y síntomas que en conflictos explícitos. Los hijos suelen quedar capturados como objetos de sostén narcisista, mediadores o confidentes, dificultando su separación subjetiva. El padre —o la función paterna— aparece debilitado, desautorizado o convertido en antagonista.
La manipulación no es estratégica sino estructural, se sostiene en la ambigüedad del mensaje, en el vaivén entre victimización y omnipotencia, amor y reproche. El resultado es una familia organizada alrededor del malestar materno, donde cada intento de autonomía es vivido como traición.

La sintomatología física le funciona como un modo privilegiado de llamado de atención. El cuerpo se convierte en escenario cuando la palabra no alcanza.
En una madre histérica, el síntoma somático no remite tanto a una patología orgánica cuanto a una inscripción del conflicto psíquico, dolores, descompensaciones, crisis, malestares difusos que irrumpen en momentos claves, desacuerdos, intentos de autonomía de los hijos y
consiguiendo así "reorganizar" la escena familiar alrededor de ella. El cuerpo habla allí donde la demanda de amor y reconocimiento no puede formularse directamente.
Estos síntomas reinstalan la dependencia, desautorizan a terceros y generan culpa en el entorno. La familia responde con preocupación, cuidados y renuncias, reforzando así el circuito.

No se trata de simulación, sino de una producción inconsciente de goce, donde el sufrimiento corporal garantiza presencia, centralidad y sentido.

AUTOPERCEPCIÓN Y DESEOCuando una mujer no se siente bella —no en un sentido estético superficial, sino en su vivencia su...
01/10/2026

AUTOPERCEPCIÓN Y DESEO

Cuando una mujer no se siente bella —no en un sentido estético superficial, sino en su vivencia subjetiva de deseabilidad— suele producirse un proceso de deserotización.
La erotización no depende solo del cuerpo sino del narcisismo: del modo en que el sujeto se siente mirado, investido y digno de deseo. Cuando esa investidura se empobrece (por desvalorización, críticas, comparación constante, maternidad vivida como borramiento, o un vínculo que deja de desearla), el cuerpo deja de sentirse como fuente de placer y pasa a vivirse como objeto funcional o incluso como resto.
La deserotización no es falta de libido en sí misma, sino un retiro defensivo del deseo: se apaga el juego, la seducción, la disponibilidad al encuentro. Muchas veces aparece como “no tengo ganas”, cuando en realidad lo que está en juego es “no me siento deseable”.
Restituir la erotización no pasa por “verse mejor”, sino por reconstruir la escena del deseo: un trabajo subjetivo que permita volver a habitar el propio cuerpo como lugar de placer y no solo de exigencia o servicio.

EL HIJO TOMA DISTANCIA-DECISIÓN SUBJETIVA Y ADULTAO DESAMOR A LA FAMILIA ...?-Muchas veces un hijo encuentra en la famil...
01/10/2026

EL HIJO TOMA DISTANCIA

-DECISIÓN SUBJETIVA Y ADULTA
O DESAMOR A LA FAMILIA ...?-

Muchas veces un hijo encuentra en la familia política un clima menos neurotico, sin la carga historica, exigencias o conflictos previos, lo que facilita una identificación más liviana.
Esta preferencia puede funcionar como un modo de diferenciarse, tomar distancia de los mandatos familiares o afirmar su elección de pareja.
El malestar aparece cuando la familia de origen lo vive como deslealtad, sin poder leerlo como un movimiento subjetivo propio del proceso de autonomía.
Cuando la familia de origen responsabiliza al integrante “externo” de la pareja, suele operar un mecanismo de defensa: se desplaza el conflicto hacia el tercero para evitar interrogar las propias dinámicas vinculares. El yerno o la nuera quedan así investidos como causa del distanciamiento, encarnando una figura de amenaza que preserva la idealización familiar. Esta atribución reduce la complejidad del lazo y, esta simplificacion, obtura la posibilidad de reconocer que la elección del hijo responde a un movimiento subjetivo propio, no a una manipulación del otro.
El conflicto no se resuelve señalando culpables, sino reordenando lugares y responsabilidades afectivas.
Algunos puntos clave para revertir la situación podrían tener que ver con descentrar la culpa: aceptar que la elección del hijo es un acto propio. Mientras la familia insista en atribuirla al “otro” de la pareja, el conflicto se cristaliza.
Elaborar el duelo: la familia de origen debe atravesar la pérdida de la centralidad que tuvo. No es un error del hijo, sino un efecto del pasaje a la vida adulta.
Restituir fronteras: reconocer que la pareja constituye ahora un nuevo núcleo. La familia política no es una traición, sino una extensión del lazo elegido.
Habilitar la palabra: cuando hay posibilidad de decir el malestar sin reproche ni demanda de reparación, el vínculo puede reconfigurarse.
Renunciar a la competencia: competir por el afecto del hijo refuerza la distancia; aceptar la asimetría la reduce.
Cuando la familia puede correrse del lugar de víctima y el hijo del lugar de acusado, el lazo deja de organizarse alrededor del conflicto y puede recomponerse desde una lógica menos demandante y más adulta.

PAREJA o S.A.-Si el capital define el valor del otro, ya no hablamos de amor, sino de contrato-Cuando en una pareja uno ...
01/08/2026

PAREJA o S.A.
-Si el capital define el valor del otro, ya no hablamos de amor, sino de contrato-

Cuando en una pareja uno gana mucho más dinero que el otro, se activa una pregunta de fondo:
¿estamos en un vínculo amoroso o funcionando como una sociedad anónima?
En el vínculo amoroso, la asimetría económica no debería traducirse automáticamente en asimetría de poder. El dinero no compra la palabra, la decisión ni el deseo del otro. Cada integrante sigue siendo sujeto, no accionista minoritario. La diferencia de ingresos puede existir, pero no define quién manda, quién debe, quién agradece o quién se somete.
En la lógica de sociedad anónima, en cambio, el que más aporta cree tener más derechos: decide, controla, evalúa, exige rendimientos. Aparece una contabilidad afectiva: “yo pago”, “yo sostengo”, “yo invierto”. El amor se desliza hacia un balance, y el otro queda en riesgo de convertirse en empleado, dependiente o deudor simbólico.
El conflicto no es la diferencia de dinero, sino qué se hace con ella:
si se la usa para cuidar, compartir y sostener un proyecto común;
o si se la usa para marcar jerarquía, generar culpa o exigir compensaciones.
Cuando el dinero se vuelve organizador central del vínculo, el amor se precariza.
Y cuando el amor puede alojar diferencias sin transformarlas en dominación, el dinero pierde su carácter de amo.
En una pareja, no se cotiza en bolsa: se construye un lazo.
Si el capital define el valor del otro, ya no hablamos de amor, sino de contrato.

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