03/13/2026
"Remendar la propia tela antes de coser la ajena."
Nos pasamos la vida tratando de componer la vida de otros sin antes remendar la nuestra porque ocuparnos del afuera suele ser menos doloroso y más gratificante en lo inmediato que enfrentar nuestras propias grietas. Ofrecer consejos, intervenir o “arreglar” al otro nos coloca en una posición de control, utilidad o moralidad que puede enmascarar inseguridades, vergüenzas o conflictos internos no resueltos.
Desde la psicología, este comportamiento puede manifestarse como mecanismos defensivos (evitación, proyección), patrones relacionales disfuncionales (codependencia, rol de salvador) y una deuda de autoregulación emocional: quien no ha trabajado sus límites, sentimientos y heridas tiende a replicar soluciones externas que no transforman la estructura interna ni promueven autonomía verdadera en el otro.
Dos pensamientos que nos ayudan a entender mejor está temática.
1) Søren Kierkegaard — responsabilidad existencial y autenticidad.
Kierkegaard sostiene que la auténtica vida exige que el individuo asuma su propia existencia, con sus decisiones y angustias, en vez de huir hacia roles o expectativas sociales. Aplicado al pensamiento, “componer la vida de otros” puede ser una forma de evasión: al intervenir fuera de sí, se evita el salto doloroso hacia la responsabilidad personal. Para Kierkegaard, solo enfrentando la propia angustia y tomando decisiones auténticas se alcanza integridad; hasta entonces, las acciones sobre los demás serán paliativos que impiden el crecimiento real.
2) Carl Jung — proyección y el trabajo sobre la sombra.
Jung describió la proyección como el traslado de aspectos reprimidos o inaceptados de la personalidad hacia el otro. Cuando intentamos “remendar” la vida ajena sin antes mirarnos, a menudo estamos proyectando nuestras expectativas, miedos o deseos no integrados. El trabajo terapéutico jungiano implica reconocer y reintegrar esa sombra: al aceptar y transformar lo que negamos en nosotros, bajan las urgencias de corregir al otro y aumentan la capacidad de relacionarse desde la conciencia, el respeto y la reciprocidad.
Remendar primero la propia vida no es un acto egoísta, sino ético y transformador: curar, conocer y regular nuestras propias emociones y límites nos permite ofrecer ayuda sin rescates ni proyecciones, sostener relaciones que fomenten autonomía y madurez, y modelar un cambio sostenible.
La verdadera reparación —en terapia, en relación o en sociedad— nace de la responsabilidad interior: cuando cada quien cose sus propios hilos rotos, las puntadas que damos en la vida de los demás se vuelven genuinas, libres de imposición y capaces de potenciar un crecimiento compartido.
Los invito a reflexionar sobre este tema y a buscar cada día ser mejores seres humanos.
Ladagoval
12/03/2026