02/02/2026
A veces ocurre que,
justo cuando más apoyo necesitas,
la vida se encarga de mostrarte
cuántas espaldas pueden darse la vuelta al mismo tiempo.
Es en esos momentos cuando el silencio pesa,
cuando las ausencias hablan más fuerte
que cualquier palabra dicha a medias.
Descubres que no todos los que caminan contigo
están dispuestos a quedarse cuando el camino se vuelve cuesta arriba.
Duele, sí…
porque uno no espera aplausos,
solo un poco de compañía,
una mano firme,
un “aquí estoy” sincero.
Pero también es ahí donde se aprende
quiénes son refugio
y quiénes solo eran paisaje.
La melancolía llega, se sienta al lado,
te mira sin decir nada
y te obliga a crecer en silencio.
Te enseña a sostenerte solo,
a valorar tu propia fuerza
y a entender que no todas las batallas
se libran acompañadas.
Al final, cuando pasa la tormenta,
no queda rencor,
queda claridad.
Porque las espaldas que conociste
te empujaron, sin saberlo,
a caminar con más dignidad,
más amor propio
y menos expectativas.
Y eso, aunque duela al principio,
también es una forma de salvación.
Me gustó mucho ©️ D.R.