16/02/2026
Días después del nacimiento de David 👶
Antes de vivirlo, yo observaba. Veía mujeres que a los pocos días parecían listas. Fotos serenas, bebés en brazos, palabras organizadas, una maternidad que parecía acomodarse casi de inmediato.
Y yo pensé que también podría. Creí que iba a habitar ese lugar con naturalidad.
Pero no fue así.
Estaba destruida después del parto. Una debilidad física profunda. El cuerpo exhausto. Y, esta vez, algo más.
Porque mi segundo hijo, David, no nació en mis brazos tranquilos en casa. Nació antes de tiempo. Nació prematuro.
Y cuando un hijo nace antes de lo esperado, también nace un miedo que no sabías que podía existir.
La felicidad y la angustia compartiendo el mismo espacio. Un amor inmenso, casi doloroso. Un amor que no se parece a nada que hayas sentido antes. Un amor que te expande y te parte al mismo tiempo.
La llegada a casa no fue un punto sin retorno inmediato. Fue un camino incierto. Fue hospital, fue espera, fue monitoreo, fue aprender a maternar entre cables, horarios y silencios que pesan.
La vida seguía ocurriendo alrededor, pero en otro tono.
Los consejos llegaban, las historias se acumulaban, pero nada prepara para sostener a un hijo tan pequeño y, al mismo tiempo, sentir un amor tan gigantesco.
Podés escuchar todas las narrativas del mundo. Aun así, lo que se siente desborda cualquier explicación.
Incluso con red de apoyo. Incluso siendo una mujer que se observa, que se analiza, que se cuida. Hay algo que no se organiza en palabras. No cabe en cursos, no se domestica con teoría. Simplemente te atraviesa.
El amor crece en la misma proporción que el miedo.
Miedo a perder.
Miedo a que algo cambie.
Miedo a no ser suficiente.
Y convivir con ese miedo mientras vivís la experiencia más hermosa de tu vida es una paradoja difícil de explicar.
Qué locura amar así.
Qué intensidad tan cruda y tan sagrada a la vez.
Pero también está la posibilidad.
La oportunidad rara y profunda de amar sin garantías.
De abrazar la fragilidad.
De rendirse a la intensidad sin intentar controlarla.
Esta nueva etapa llegó de una forma inesperada.
Y no extraño a la mujer que era antes.
No hay duelo. Hay transformación…