Akasha Sanación Integral - Biodescodificación e Hipnosis

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Biodescodificación e Hipnosis
Terapias únicamente Online Akasha Sanación Integral
Biodescodificación / Hipnosis

Lic. Lic.

Elizabeth Romero Sánchez:
* Hipnosis Clínica
* Hipnosis Ericksoniana.
* Psicología.
* Biodescodificación.
* Coaching PNL.
* Master Raja Yoga. Edgar Romero Franco:
* Master Reiki.
* Hipnosis Clínica Ericksoniana.
* Master Raja Yoga.
* Coaching PNL. Domicilio:
Ciudad de México. Horarios de Trabajo:
Martes a Jueves de 10:00am a 7:00pm

MUCHAS GRACIAS

LA DESVALORIZACIÓNDentro de la Biodescodificación, hay un conflicto emocional importante que detona programas familiares...
09/02/2026

LA DESVALORIZACIÓN
Dentro de la Biodescodificación, hay un conflicto emocional importante que detona programas familiares para muchas de las enfermedades y es la Desvalorización.
Porque si no nos sentimos importantes, inteligentes, fuertes, bellos, reconocidos, admirados, apoyados, nuestra vida dentro de la propia familia o la sociedad se convierte en un tormento.
Sentir que no somos capaces o que no somos lo suficientemente capaces para lograr o hacer algo es una historia que día con día se repite y multiplica porque así como a diario nacen bebés y no todos ellos serán valorizados como tal vez se merecerían, existen millares de jóvenes, adultos y ancianos que han sufrido desvalorización todos los días de su vida.
La desvalorización consiste en minimizarnos, sentirnos menos que alguien, más ineptos que alguien, más débiles que los demás, menos atractivas o atractivos que los demás, sentirnos tontos, poco hábiles, o incluso hasta creer que vivir no vale la pena porque no somos nada.
Cualquiera podría decir que las desvalorizaciones sufridas en una difícil o triste infancia, han quedado en el olvido. Otros más podrán decir que “no necesitan” el reconocimiento de los demás porque es parte del “ego”, algunos por allá podrán decir que “no ha sido tan duro”, pero en el fondo esa vida de desvalorización al final, claramente tendrá sus consecuencias sobre nuestra salud.
Una persona desvalorizada puede dañar inconscientemente sus ganglios, sus músculos, sus huesos, sus articulaciones y por supuesto, tejidos y órganos relacionados con éstos.
Y no necesariamente es una desvalorización recibida por parte de otra persona, no es siempre un “ataque” externo; nosotros mismos podemos vivir todos los días de nuestra vida desvalorizándonos, lo que llamaríamos “auto-desvalorización”.
Si el ser humano, requiere de 21 días para formar un hábito, imaginen por un segundo cómo está el grado de Autodesvalorización de una persona de 40 años que a diario de repite:
- “Sí, soy bien olvidadiza, siempre olvido las cosas, mis amigos ya saben que siempre se me olvidan las cosas, mi cabeza no puede recordar cosas importantes, todo se me olvida, etc.”
Y sin darse cuenta, esa persona ha asumido que no es lo suficientemente inteligente ni tiene la suficiente capacidad cerebral para recordar, cuando desde un principio, esa persona pudo decirse a sí misma: “Sí, a veces olvido alguna cosa, pero muchas otras recuerdo detalles perfectamente”.
Y como esto, cientos de ejemplos más de fuerza, de capacidad, de inteligencia, de belleza, de astucia, de sentido común, de creatividad, etc.
Historias de desvalorización que comienzan en casa, continúan en la etapa escolar, persisten en la adolescencia, echan raíces en la juventud y adultez, para venir a acabar con nosotros en la madurez y vejez, cuando ya tenemos las rodillas destrozadas, las manos con artritis, los músculos débiles y los huesos como corales de mar llenos de agujeritos.
Porque sentirnos valiosos es algo que comienza en casa. Con unos padres que reconocen primeramente mi existencia, mi inteligencia, mi fuerza, mi belleza, mis habilidades.
¿Cuántas madres conocemos que etiquetan a sus hijos de tontos, inmaduros, débiles, etc?
¿Cuántos padres conocemos que etiquetan a sus hijos como mariquitas, cobardes, inútiles, etc?
¿Y si yo crezco sin un padre que no quiso reconocerme tal vez porque desde entonces yo no era lo suficientemente valioso?
¿Y si yo crezco con una madre que prefirió dejarme con la abuela porque yo le obstaculizaba su camino hacia la búsqueda de su gran amor?
O ¿qué tal historias de desvalorización que comenzaron incluso antes de que yo naciera cuando mi propia madre o mi propio padre rechazaron mi llegada, mi existencia?
Esas historias en donde vivimos una niñez dura, fría, indiferente. Donde para nadie fue importante si arreglé bien mi cama, si hice un bonito dibujo o si obtuve una buena calificación en un difícil examen.
Porque todo ser humano, necesita saberse y sentirse bueno, inteligente, valiente, fuerte. Necesitamos social y biológicamente sabernos y sentirnos “buenos para todo”, capaces todo el tiempo.
¿Cuántas historias entre las madres y abuelas de mujeres sometidas, totalmente desvalorizadas, minimizadas, acalladas, que tan sólo terminan rompiéndose la cadera (Desvalorización brutal afecta huesos) y muriendo porque la desvalorización fue demasiada?
Y uno diría: Pero mi madre o mi abuela fue una buena mujer.
Si claro, una buena mujer, pero sin reconocimiento, sin voto, sin fuerza para defender sus ideales, para salir a cumplir nuevos sueños, sin fuerza para defenderse. Viviendo para servir no haciendo ruido, sin quejarse, sin alterarse, viviendo una desvalorización que comenzó desde su infancia en el seno de su familia y que mantuvo al unirse a un hombre que mantuvo dicha desvalorización latente.
Jovencitos hábiles para los deportes o el arte que son minimizados por sus mismos padres, que les hablan de un futuro laboral útil, de ingresos económicos como meta primordial, provocando que abandonen aquello que aman hacer y para lo que son extraordinarios.
Jovencitas hermosas que ya desde su casa son llamadas gordas, tontas, feas, y que crecen sintiéndose apenas merecedoras de cariño o reconocimiento.
Sentirnos, hoy por hoy, con miedo de cambiar de trabajo, con miedo de arreglar nuestra situación sentimental por miedo a quedarnos solos. Miedo a reclamar un equivocado cobro, miedo a alzar nuestra voz ante una injusticia, miedo a hablar siquiera o a pensar.
Sentir que no podemos superar a nadie en nuestra familia, sentir que no merecemos un puesto mejor o un sueldo mejor, sentir que no hay salida, eso, señoras y señores, es DESVALORIZACIÓN.
Porque nadie en nuestra infancia nos hizo sentir valiosos y grandiosos dentro del hogar y porque nosotros ya con dicho entrenamiento, continuamos nuestras vidas AUTODESVALORIZÁNDONOS constantemente.
Así que analizando toda tu vida, analizando desde cómo fuiste concebido o concebida y cómo fue tu niñez, observa si de verdad eres tan malo o poca cosa como te lo hicieron sentir en casa. Analiza objetivamente si realmente no tienes la fuerza para lograr algo cuando te lo propones o fue lo que te hicieron creer desde niño o niña. Observa cuántas veces al día tú mismo de dices tonto, id**ta, estúpido, inútil y cuántas veces más repites esas palabras sobre alguien más.
No son bromas. Jamás puedes decir que tu hermano te dice tonto “de broma” o que tú se lo dices a tu niño de “broma”.
Recuerden que para el subconsciente NO EXISTEN LAS BROMAS.
Nuestro subconsciente se toma TODO muy en serio.
Así que es tu deber descubrir quién te desvaloriza, hoy por hoy. Quién te desvalorizó a lo largo de toda tu vida y tú a quién desvalorizas constantemente.
Seguramente descubrirás recuerdos tristes. Momentos en los que creíste que toda la familia te felicitaría o te reconocería y por el contrario recibiste una ofensa, una burla, una crítica.
Seguramente descubrirás recuerdos en los que tú sentiste haber tomado una buena decisión y todo el mundo se te fue encima haciéndote sentir el más tonto del planeta.
Todos los días, absolutamente todos los días recibimos desvalorización por parte de los demás o de nosotros mismos. Y si no estamos plenamente conscientes de grandiosos que somos, daremos entrada a problemas en nuestra salud.
Haz una carta de duelo (Carta de Liberación del Clan Familiar) y escribe en ella todas las historias de tu vida en las que te hayas sentido desvalorizado, para luego seguir con todas las veces en tu vida, en que tú mismo te desvalorizas o has desvalorizado a tu pareja, a tus hijos, a cualquier persona. Libérate de esas historias, quema tu carta, tira las cenizas y cambia.
Comienza por repetirte lo bueno que eres, lo bella que eres, lo fuerte que eres, felicítate por esa buena elección que hiciste o esa decisión que tomaste. Descúbrete reconociendo algo valioso en tus hijos, en los demás y diciéndolo en voz alta.
Comienza todos los días de tu vida, diciéndote al espejo “algo bueno de ti” y repítelo 21 días.
- “Soy la mujer más inteligente del mundo, la más bonita, la más fuerte, la más segura de sí misma”
- “Soy el hombre más inteligente del mundo, el más atractivo, el más fuerte, el más seguro de sí mismo”
Algo como lo anterior pero con tus propias palabras claro y a lo largo del día, cada que hagas algo bueno, di cosas como:
- “Bien hecho”
- “Me quedó perfecto”
- “Me lucí”
- “Qué bien lo hice”
- “Qué rico me quedó”
- “Qué bueno que lo logré”
Y poco a poco, recupera tú mismo aquel reconocimiento o valía que no recibiste en tu infancia y empodera esa valía que sabes que posees. Para que vivas sin miedos, para que veas que no hay límites y sobre todo, para que vivas saludable, pleno y feliz.
Así las cosas…
Akasha Sanación Integral
Elizabeth Romero Sánchez y Edgar Romero Franco

20/01/2026
TU SALUD ES EL RESULTADO DE LO QUE PIENSAS Y SIENTESLa Biodescodificación es una metodología extensa y completa, me pare...
19/01/2026

TU SALUD ES EL RESULTADO DE LO QUE PIENSAS Y SIENTES
La Biodescodificación es una metodología extensa y completa, me parece que ya hemos detallado mucho de ella tanto en artículos como en cursos o videos.
Pero aún al día de hoy me doy cuenta, de que sigue siendo incomprensible para una gran mayoría de todas las personas, la relación entre nuestros pensamientos y sentimientos con nuestro estado de salud.
Seguimos dando por hecho que algunas enfermedades debemos padecerlas porque toda nuestra familia las ha padecido, o que algunas otras son el resultado de la edad.
Creemos que esas alergias o epilepsias, continúan teniendo su origen en alguna falla orgánica.
Somos seres humanos sí, pero al mismo tiempo obedecemos a una biología capaz de transformar nuestras células o de alterarlas mediante nuestros pensamientos, nuestros miedos, nuestras emociones.
Y ante un panorama como éste, somos incapaces de analizar a fondo nuestras emociones.
Solemos encubrirlas, ocultarlas, negarlas, contradecirlas, pero jamás aceptamos que muy en nuestro fondo, existe algo que nos angustia, que nos enoja, que nos preocupa, que no nos gusta, que no toleramos pero que al mismo tiempo, no resolvemos.
Preferimos la pastilla para la hipertensión, preferimos la inyección de insulina para nuestra diabetes, preferimos no caminar que mejorar nuestras rodillas, preferimos que nuestros dedos se llenen de artritis y tomar antiinflamatorios o analgésicos, preferimos tomar tranquilizantes o sedantes.
Y cuando ya las situaciones son insoportables, corremos en busca de nuestra fe, esperando que sea “otro” el que venga en nuestra ayuda, cuando desde un inicio, desde la primera molestia, fueron nuestros miedos, pensamientos y emociones lo que nos enfermó.
¿Y por qué dejamos de lado nuestra salud aunque la añoramos?
Por creencias, porque es más aceptado el tener una enfermedad que otros tienen a ser diferente. Es más fácil decir que tenemos hipertensión porque nuestros padres la padecen, que confrontar las causas de raíz. Es más fácil lamentarnos de nuestra mala salud ante los demás porque eso nos trae algunos beneficios de atención y cuidados.
Seguimos creyendo en la televisión, seguimos creyendo en las películas, seguimos creyendo en los noticieros, seguimos creyendo en el periódico, seguimos creyendo lo que nos enseñaron a creer. Pero lo que nos enseñaron jamás, fue a expresar nuestras emociones y a actuar en coherencia con ellas.
Nos enseñaron que cuando fuéramos grandes, debíamos formar una familia y tener hijos.
Nos enseñaron que comiéramos lo que podíamos porque iba a llegar un día en que el médico nos iba a quitar la sal y el azúcar.
Nos enseñaron que tarde o temprano nuestros cartílagos, músculos y huesos se atrofiarían y luego de eso ya todo iría en decadencia.
Nos enseñaron que el cáncer y el sida eran enfermedades mortales.
Y nosotros lo creímos.
Con base en esa creencia, jugamos a la “salud temporal” y con ello nos conformamos, sabiendo que llegará ese fatídico día en que ya no tendremos salud y moriremos.
Afortunadamente la biología humana es tan mágica y maravillosa que sin dudarlo ni un solo minuto, funciona siempre al máximo de su capacidad.
Nuestras células, todas y cada una de ellas, observan y sienten y obviamente reaccionan ante ello.
Si tenemos un gran plan de vida, divertido y provechoso, algo sucede en nuestro cuerpo que le permite funcionar al 100%, pero si estamos tristes o desanimados, si hemos dejado de ver la alegría de estar vivos, inmediatamente nos derrumbamos, nos sentimos mal y enfermamos.
Somos totalmente capaces de alterar nuestro sistema inmunológico con nuestras emociones.
Somos totalmente capaces de cicatrizar o regenerar tejidos con nuestras emociones.
Pero ¿qué sucede si estamos acostumbrados, a no expresar lo que sentimos?
A decir y a hacer lo que para los demás está bien o es correcto.
Somos capaces de TODO con tal de ser amados y aceptados.
Y soportamos relaciones amorosas tóxicas, soportamos trabajos desagradables, soportamos ofensas, humillaciones, rechazos, etc.
Soportamos faltas de respeto, soportamos golpes, soportamos groserías, soportamos silencios…con tal de que nos quieran aunque sea un poquito. Y enfermamos.
Nos enseñaron a tener expectativas y peor aún, nos enseñaron a cumplirlas cueste lo que cueste, desde niños fue así.
Pero jamás nos enseñaron que vivir alegrías o recordar cosas bonitas nos daba salud. Nunca nos enseñaron que la risa mejoraba nuestra salud. Nunca nos enseñaron desapego, nunca nos enseñaron que hacer lo que nos gusta nos da vida.
Nos enseñaron que primero estaban los demás y luego nosotros. Nos enseñaron que la vida era dura y había que sufrirla. Nos enseñaron que vivir corriendo y estresados era ser exitosos. Nos enseñaron que había que hacer felices a los demás aunque nuestra vida estuviera en juego. Y lo creímos.
Y ahí están nuestras células, intentando procesar tanta y vasta contradicción. Intentando funcionar a pesar de nuestra vida en apariencia “perfecta”. Aunque tarde o temprano pase la factura.
¿Pero entonces, cómo sé que estoy enfermo o enfermando?
Simple, porque en el fondo tú vibras que no eres ni vives feliz!
Vives “esperando ser plenamente feliz”. Recalco “Esperando”.
Con base claro está, en todo lo que te enseñaron y todo lo que “los demás” dicen.
Vivimos esperando que nuestra mamá cambie, que nuestro papá cambie, que nuestra pareja cambie, que nuestros hijos cambien, que nuestro mejor amigo cambie, que nuestro jefe cambie, que mi economía cambie...
“Ojalá que llegue ese día en el que yo me sienta feliz!”
Pero vivimos dañando nuestros órganos y tejidos, vivimos dañando colon, estómago, huesos, músculos, piel, dientes, pulmones, riñones, nuestra sangre, nuestro corazón, nuestro sistema reproductivo, etc…sin darnos cuenta de que son nuestros pensamientos y emociones lo que está mal y lo que hay que modificar.
Alteramos nuestro sueño, alteramos nuestro metabolismo, alteramos nuestras conexiones cerebrales, pero vivimos todos los días aparentando que “todo está bien”.
¿Y cómo sé si mi cuerpo, órganos y tejidos están bien?
Revisa lo último que pensaste o sentiste anoche, revisa lo primero que pensaste o sentiste esta mañana!
Fue alegría, plenitud, amor, sonreíste?
Entonces estás perfectamente bien!
Pensaste en preocupaciones, pendientes, problemas, miedos?
Entonces estás dañando a tu cuerpo.
Y eso es, así de simple, lo que la Biodescodificación vino a cambiar.
Vino a decirnos qué órgano o tejido estamos dañando con base en qué pensamientos estamos teniendo, qué miedos estamos teniendo, qué no estamos resolviendo.
Y nos dice “cambia”, “cambia”, “cambia”…
Vive diferente, piensa diferente, actúa diferente, reacciona diferente, SIENTE DIFERENTE…
Y como toda nuestra naturaleza humana, está combinada con el alma y con el espíritu…añadamos la fe.
Estar bien se trata de tener fe, pero no Fe en un ser externo a nosotros, sino una Fe inquebrantable en nosotros mismos. En nuestras ideas, en nuestro planes, en nuestra forma de ser.
Una fe cimentada en nuestros más profundos sentimientos, dejando de lado “el qué dirán”, dejando de lado “el qué pensarán”…y enfocándonos en lo que nosotros deseamos desde el fondo de nuestro corazón.
Sin expectativas, sin apegos, sin miedos.
Con la frente en alto y la sonrisa en los labios.
Ser y estar felices siempre!
Así las cosas…
Akasha Sanación Integral
Elizabeth Romero Sánchez y Edgar Romero Franco.

LA DIABETES, A QUÉ SE DEBE?Yo podría decir con la mano en la cintura, que a diferencia de varios autores, incluyendo a H...
14/01/2026

LA DIABETES, A QUÉ SE DEBE?
Yo podría decir con la mano en la cintura, que a diferencia de varios autores, incluyendo a Hamer, la diabetes en un 95% de los casos de consulta, obedece no tanto a una emoción de RESISTENCIA, de OPOSICIÓN.
Hemos encontrado en la gran mayoría de los casos, que la Diabetes se origina a partir de una emoción de abandono.
Hijos que perdieron a su padre
Esposas que perdieron al esposo
Hijos que fueron “regalados”
Hijos que quedaron huérfanos
Hermanos que fueron separados en la infancia y crecieron separados.
Y yo lo podría resumir en: Hijos que crecieron SOLOS e hijos de un hogar roto.
Y cuidado, porque no me refiero a crecer solos como flores silvestres, no. Me refiero a niños que crecieron carentes de amor, de cuidados, de abrazos, de compañía, de una familia amorosa.
Son precisamente esos hechos, los que conforman el conflicto programante, esa pólvora que metafóricamente traemos y que debido a un conflicto emocional se “detona”.
¿Qué quiere decir esto?
Que cuando dicha persona crezca y vuelva a sentirse “abandonado”, “no querido”, “no procurado”, etc. Disparará un diagnóstico de diabetes.
Y no sólo esa persona puede presentar diabetes, sino que trasmite a toda su descendencia, el programa de “carencia de dulzura”.
Hasta aquí, todos podríamos pensar que los diabéticos son personas “carentes de dulzura” o en “búsqueda de dulzura”, pero no es así.
Un diabético si bien puede estar programado para una vida de abandono, también puede estarlo para una vida en la que todo el mundo le demuestra amor, pero él o ella, no saben procesarlo.
Personas duras, frías, secas, incapaces de abrazar o recibir un abrazo. Incapaces de poder el lado bonito de la vida.
Por lo tanto tenemos pues que la diabetes, es más bien un problema de “no saber cómo procesar la dulzura”. Ya sea porque jamás la hemos tenido, ya sea porque la hemos añorado toda la vida y cuando la recibimos no sabemos cómo procesarla, o también porque tememos encariñarnos y luego sufrir tristemente si se pierde.
Y todo diabético debería, en lugar de ceder el poder a un diagnóstico médico. Tomar su verdadero poder y analizar si entre sus abuelos o bisabuelos hubo historias de abandono, de orfandad, de hermanos separados o regalados. Y seguramente, casi lo apuesto, ya en la línea de los abuelos y los padres, encontrará que sí.
Esto claro, le ayudará a comprender primeramente, que su diabetes no es suya, que fue un programa emocional que se ha heredado.
Luego de esto, el diabético deberá analizar su propia vida, revisar si ha sido feliz, si ha sido capaz de dar amor y dulzura a los demás, recibiendo lo mismo o cuando menos en la medida en que él o ella se lo imaginaba.
Revisar si no ha ocurrido algún hecho familiar (la muerte de un ser querido por ejemplo), que lo haya trasladado a un estado de “ya no recibo esa dulzura que me hacía vibrar y ser feliz), situación que pudo ser el fuego que encendió la polvorita de “diabetes”.
Si una persona diabética, si cualquier persona diabética, entiende y comprende todo éste proceso. Si cualquier persona es capaz de entender que para el cerebro es lo mismo la dulzura de un abrazo que una cucharada de azúcar en un café o té, podrá tomar consciencia de que ese diagnóstico de diabetes, que ha recibido de su médico, no es definitivo. Y que en la medida en que él o ella encuentren una razón para vivir y ser feliz, en la medida en que esa persona sepa besar y abrazar además de dejarse besar y abrazar, poco a poco irá reconformando sus procesos orgánicos para que dicha azúcar se procese perfectamente.
Nadie necesita la diabetes, nadie. Y el problema de todo esto, es que por ejemplo, en el caso de Diabetes Tipo 1, la persona se va acostumbrando tanto a la insulina, que aunque fuera consciente del evento que desató todo el programa y el síntoma, tomaría más tiempo y más esfuerzo, porque ahora ha creado “una dependencia” a la misma.
Entonces, si bien el conflicto teóricamente manejado para la Diabetes es:
- Conflicto de Resistencia (negar u oponerse a algo o a alguien), que ocurre en mujeres diestras ya en la menopausia o en hombres diestros.
- Conflicto de Asco, disgusto o temor, que ocurre sólo en mujeres zurdas pre-menopáusicas o en hombres zurdos con trastornos hormonales.
Tenemos un elemento Transgeneracional IMPERATIVO de buscar, de comprender y de soltar.
Tenemos que encontrar ese abandono ocurrido, ese crecer solos ocurrido, ese quedar huérfanos ocurrido. Porque sumará a nuestra sanación y liberación.
Porque si yo soy padre o madre de un menor de 14 años, y yo soy doble de aquel familiar (padre, madre, abuelo, bisabuelo, etc) que creció solo, puedo presentar diabetes sí y también inconscientemente, puedo heredarle el programa a mi hijo o hija.
O tal vez es mi hijo o mi hija la que es doble de esa persona que creció solo y sufrió tanto. O tal vez mi hijo o hija no es doble por fechas pero se me ocurrió ponerle el nombre de ese familiar que creció solo.
Como ven entonces, esa diabetes diagnosticada, puede tener una solución, antes que una grave complicación.
Busquen esas historias en su árbol, en su familia, en la familia de su pareja y manos a la obra, a hacer una carta de duelo en donde liberen toda esa historia desde ya.
Tomen consciencia de que hay solución antes de acostumbrarse al tratamiento.
Así las cosas….
Akasha Sanación Integral
Elizabeth Romero Sánchez y Edgar Romero Franco

HABLEMOS DE LAS HERENCIAS GENERACIONALESRealmente, el concepto del Árbol Genealógico, El Transgeneracional o La Familia,...
08/01/2026

HABLEMOS DE LAS HERENCIAS GENERACIONALES
Realmente, el concepto del Árbol Genealógico, El Transgeneracional o La Familia, dentro del concepto de Biodescodificación, hace referencia a una “cadena de transmisión” de situaciones, vivencias, traumas, impactos emocionales que van pasando de generación en generación hasta llegar a nuestra línea generacional, en el caso de ser hermanos o primos sin hijos, porque si ya tenemos hijos e incluso hasta nietos, pues son ellos a quienes les cae encima todo esto.
Y cuenta en esta “herencia” por supuesto tanto lo muy dicho y hablado como lo no dicho, callado u ocultado, los secretos.
Para los que ya manejamos estos temas resulta fácil reconocer que ya desde los años 70´s, muchos psicoanalistas se enfocaron en revisar y comprobar que efectivamente gran parte de nuestras vivencias presentes, nuestros dramas presentes, nuestra suerte amorosa o económica era en gran parte, un pedazo de toda esa herencia generacional recibida inconscientemente.
Tenemos a Nicolas Abraham, María Török, Françoise Dolto, Anne Ancellin Shützenberger, Didier Dumas, todos ellos psicoanalistas franceses que debatían respecto a los padecimientos clínicos de sus pacientes. Obviamente ya desde entonces la medicina psiquiátrica y psicologica estaba cimentada en “el presente”. Traumas e impactos del presente, de la vida presente del paciente, así fuera un adulto o un niño, un hombre o una mujer.
Pero fue poco a poco y con base en las experiencias terapéuticas de cada uno de estos médicos y de otros muchos más por supuesto, que surgió la hipótesis de que TAL VEZ y sólo TAL VEZ, los síntomas, conflictos, enfermedades, vulnerabilidades de los pacientes, venían de una problemática familiar generacional.
Fue entonces cuando se dedicaron cada uno a su manera y por su lado a buscar “constantes”, a buscar “similitudes” y llegaron TODOS ELLOS a una gran conclusión: EXISTE UN INCONSCIENTE FAMILIAR que las personas “cargamos” sin saberlo y que DETERMINA nuestra existencia.
Se llegó también a la conclusión, de que si bien la infancia de todo niño o niña puede recibir traumas o vivencias negativas según su convivencia con madre, padre y familia, el niño o la niña en sí mismo (a), ya viene al mundo primeramente con “una intención” o finalidad inconsciente programada por el padre y combinada con la madre.
Por lo tanto, cualquier ser humano, cualquier bebé que nosotros pensaríamos que llegó a este mundo como bendición divina, realmente es tan sólo una “ramita” más de ese árbol genealógico y viene al mundo con una función específica de “repetición” o “reparación” del árbol. De la familia.
Todo bebé llegado a este mundo no es más que un intento de “solucionar” un drama del pasado familiar.
Por lo tanto no es causal o casual ese bebé que llegó como consecuencia de una violación. No es causal o casual ese bebé que llegó como hijo de una madre soltera. No es causalidad o casualidad que la hermana o la prima hayan tenido “gemelos”.
Nada en el Transgeneracional es CAUSAL NI CASUAL.
Por lo tanto, un buen trabajo de Biodescodificación, un buen análisis del Transgeneracional son necesarios para resolver “desde la raíz”, cualquier conflicto presente. Así sea de salud, de amores, de economías, de suerte, etc.
Se habla de que por lo general, cada ser humano tenemos encima o venimos arrastrando mínimo, con 3 o 4 generaciones sobre nosotros.
Y cada ser humano, así tenga hoy 70 años o 3 días de nacido, ya es una combinación de dicho inconsciente familiar heredado y de su propio inconsciente individual adquirido desde su concepción.
Ya desde Freud se hablaba de cómo era posible que las personas creyéramos que todos nuestros gustos, carácter, preferencias, fueran “algo heredado”. Freud defendió por muchísimos años que todo aquello no era más que el fruto de nuestro tipo de vida, de nuestras capacidades intelectuales, de nuestros triunfos económicos gracias a nuestros esfuerzos, etc.
Hasta que él mismo se topó con pared al descubrir que sus pacientes “eran copia fiel” de algún antepasado.
Este gran fundador del psicoanálisis tuvo que reaprender lo que le habían enseñado para ahora poder aceptar que todo era un asunto de FILOGENÉTICA (Genética Familiar), pero no a nivel físico sino EMOCIONAL-CELULAR.
Descubrió que los impactos emocionales del pasado, lo “no resuelto” en el pasado, los “traumas” del pasado, impactaban a las células y dichas células, eran las que en forma de óvulos o espermatozoides, conformaban a un ser humano “HEREDERO DE DRAMAS”.
Por lo tanto, esa sangre que nos conforma, esa sangre con la que nacemos ya viene repleta de historias y emociones.
Esa sangre ya contiene la alimentación de nuestro tatarabuelo, las canciones de cuna que escuchó nuestra bisabuela, los abrazos o golpes que recibió nuestro abuelo o el abandono que vivió nuestro padre.
Nos sentimos acogidos o rechazados por nuestra familia actual, tenemos afinidad por algunos familiares o rechazo total por otros. Repetimos historias, nombres, actividades, gustos, profesiones, y todos los días pensamos que somos nosotros los que hemos decido nuestro camino.
Claro está que estamos convencidos de que esa suerte económica o amorosa es por nuestro real esfuerzo. Que ese gran puesto obtenido es por nuestros conocimientos. Y sí, en parte pudiera ser, pero no como seres independientes sino porque ya estamos repitiendo cierto éxito de alguien en el pasado o quizá, sea totalmente lo contrario.
Es yo diría lo “más común” en una familia, que tu pareja, sea doble de tu padre o de tu madre.
Se podría decir que es la “norma” casi de todo árbol genealógico.
Pero no porque tu pareja sea copia de tu madre o de tu padre, quiere decir que tú serás por siempre, no.
Porque habría que revisar “más arriba” en el árbol, qué otras parejas se formaron de la misma manera y qué es lo que intentas “arreglar”, “reparar”, inconscientemente buscando ese “tipo de pareja”.
Y ojalá los árboles genealógicos heredaran solamente cosas “buenas”, “bonitas”, “tiernas”. Pero no. Por lo general es lo que menos hay.
Lo que más se hereda, se padece, se sufre y se repite son abandonos, maltratos, muertes, accidentes, abusos, incestos, asesinatos, pérdidas económicas, muertes en parto, niños no nacidos, niños fallecidos, suicidios.
Esos impactos emocionales que dolieron tanto, que pasan a ti para que “los resuelvas”.
Son impactos emocionales que en su momento, en su época, en su tiempo, no fueron resueltos, porque “no se acostumbraba quejarse”, “había que guardar las apariencias”, “debías soportar lo insoportable”, “debías mantener a la familia unida”, etc.
Eran vivencias que se sufrían en silencio y que tan sólo quedaban en su momento, en el olvido.
Y esa pequeñas o gigantescas vivencias dramáticas dejaron en su momento y cada miembro de la familia, un impacto que terminó pasando a tu generación como “herencia”.
Los efectos de dichas vivencias se pueden heredar tanto literalmente como simbólicamente.
Hay historias familiares que tú repetirás tal cual sucedieron y otras muchas que tú repetirás de manera simbólica.
En general, estamos hablando de experiencias traumáticas de las cuales “no se habla” y quedan “encriptadas” en las células, en tu sangre.
Digamos que el tatarabuelo, golpea a la tatarabuela.
Tus bisabuelos, “callan” ese hecho. Lo viven, lo sufren, cargan rencores, pero de “ESO” no se habla.
Tus bisabuelos, heredan a sus hijos “tus abuelos” dichas emociones a manera de: Repetir la violencia o huir de la violencia, pero no se habla del tema. Sólo se vive y se sufre.
Tus abuelos, pasan dicha información a tus padres, y de pronto tú no comprendes cómo tu padre golpea a tu madre y cómo es que ella “lo aguanta” y hasta dice “que lo ama”.
Algo en ti te dice: ESTO NO ES NORMAL, pero ¿por qué la familia no dice nada?, ¿por qué nadie habla de eso?, ¿por qué mi abuela o mi abuelo educaron a mi madre para aguantar violencia o a mi padre para golpear?
Eso es el transgeneracional.
Y mientras tú piensas que enamorarte del chico con tatuajes es lo más cool. Porque es guapo y fuerte y te defenderá, no estás dándote cuenta de que “inconscientemente” estás buscando al golpeador que “aguantarás” para inconscientemente REPETIR el drama.
Y lo mismo puede suceder si tú eres la única persona en la familia que “no quiere casarse ni tener hijos”, porque inconscientemente, es tu forma de SOLUCIONAR el drama.
Y por supuesto, tú no tienes ni idea de que el tatarabuelo golpeaba a la tatarabuela, simplemente no comprendes el motivo por el cual vives lo que vives o sientes lo que sientes.
Pero ¿Qué tal que a ti tus parejas no te golpean físicamente?
Pero curiosamente son fríos, indiferentes.
Es lo mismo, pero se podría hablar de “repetición” a otro grado.
Y podrías vivir toda tu vida creyendo y pensando que “fue tu elección libre” el tipo de pareja con la que convives.
También existen las personas que repiten casi de manera “compulsiva” el drama.
- Siempre me enamoro de hombres golpeadores. SIEMPRE.
Todo empieza muy bien, todo muy romántico y de pronto cambian.
Y hasta pudieras decir algo como:
Y ya mi hija se casó con un hombre y me parece que la trata mal pero ella no me dice nada.
Y hasta pudieras añadir: Y mi nieta, la hija de mi hija, de 16 años ya anda con un muchacho que no se ve “buena persona”.
Basándonos en todo lo anterior, pudiéramos hablar de DIFERENTES FORMAS DE REPETIR DRAMAS DEL ÁRBOL GENEALÓGICO:
LA REPETICIÓN PURA:
Se repiten exactamente los sucesos.
Mi tatarabuela era golpeada por mi tatarabuelo y todas las parejas que yo he tenido me han maltratado.
LA REPETICIÓN POR INTERPRETACIÓN:
Mi tatarabuela recibió muchos golpes en la cabeza por parte de mi tatarabuelo y siempre he vivido con migrañas.
LA REPETICIÓN POR IDENTIFICACIÓN:
Mi tatarabuelo era alcohólico, mi papá siempre ha tenido problemas en el hígado y a mí me ha dado hepatitis.
LA REPETICIÓN POR OPOSICIÓN:
Mi tatarabuela fue obligada a casarse con mi tatarabuelo el golpeador y yo me niego a casarme, a vivir con alguien a tener un compromiso. Sola soy feliz.
LA REPETICIÓN POR COMPENSACIÓN:
Mi tatarabuela toda su vida fue una mujer golpeada y yo me dedico a administrar una asociación en pro de los derechos de la mujer.
En todos los tipos de “repetición”, yo no estoy consciente de la historia o vivencias de los tatarabuelos. En todas las repeticiones, yo creo que fueron mis decisiones, mis gustos, mis equivocaciones, etc.
Por lo tanto, es y será hasta que ALGO en tu vida te parezca “raro”, “extraño”, “curioso”.
O será hasta que ALGO en tu vida te haga sentir que “hay gato encerrado”. Que te darás la oportunidad de investigar, preguntar, averiguar más de la historia familiar.
Por supuesto, sabemos que un 90% de las personas, JAMÁS intentan averiguar nada o JAMÁS logran conseguir nada de datos. Porque aún al día de hoy y con familiares vivos y lúcidos “DE ESO NO SE HABLA”.
Lo importante, obtengas información o no obtengas nada de información familiar, es que tú ya estés consciente de traes encima una carga.
¿Cuál? No lo sabemos. Tal vez las pistas las obtengas de tus enfermedades y molestias. Tal vez las pistas las obtengas de tus historias amorosas o económicas. Tal vez las pistas las obtengas observando lo que has logrado tú y comparándote con tus hermanos y primos.
Busca patrones que se repitan, busca nombres que se repitan, busca dramas que se repitan. Y eso te irá brindando material útil para saber de todo aquello que debes liberarte.
Así las cosas…
Akasha Sanación Integral
Elizabeth Romero Sánchez y Edgar Romero Franco

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