27/11/2025
Niños diferentes: ¿quién marca la diferencia?
En cada niño “diferente” hay un universo silencioso que pulsa, respira y espera ser visto.
Pero la verdadera pregunta jamás debería ser qué le pasa a ese niño, sino quién decidió que debía llevar un rótulo.
Porque los niños no nacen con etiquetas.
Las etiquetas las ponemos los adultos cuando no comprendemos, cuando no sabemos acompañar, cuando lo desconocido nos incomoda.
Un niño que mira el mundo desde otro ángulo no es un problema:
es una puerta abierta, una antena sensible, un ser que vino con una forma particular de leer la vida.
Los “niños diferentes” no existen.
Existen los ojos que los miran como diferentes.
Cuando un niño se mueve más, siente más, pregunta más, vibra más…
cuando se retrae, observa, calla, imagina, crea…
cuando aprende desde otros caminos o necesita otros ritmos…no está fallando, está siendo él mismo.
Las etiquetas lastiman porque aprietan el alma.
Porque reducen lo amplio.
Porque nombran desde el miedo, no desde la verdad del corazón.
La verdadera diferencia la marca el adulto que decide mirar con empatía,
el docente que acompaña sin juicio,
la madre o el padre que abraza sin querer corregir su esencia,
el terapeuta que no busca encajar al niño en moldes ajenos.
Un rótulo puede limitar, pero una mirada puede sanar.
Los niños no necesitan etiquetas, necesitan presencia.
No requieren diagnósticos vacíos, sino manos que sostengan.
No piden perfección, piden ser vistos sin filtros.
Ojalá podamos aprender de ellos:
de su sensibilidad,
de su forma de sentir el mundo,
de su magia intacta.
Porque cuando dejamos de etiquetar,
los niños dejan de ser “diferentes”
y vuelven a ser lo que siempre fueron:
únicos, luminosos y completos.
La MAJA
Naty Medina