25/06/2019
La naturaleza ha colocado señales en todas partes para instruirnos y hacernos comprender las transformaciones que debemos provocar en nosotros mismos....
Los humanos nos imaginamos que somos algo magnífico. En realidad somos como orugas, pesadas y feas, que comen las hojas de los árboles y causan estragos de todo tipo... Pero el día en que nos decidamos a entrar en uno mismos, a meditar y a renunciar a determinadas tendencias inferiores, desencadenaremos nuevas fuerzas dentro de uno mismos y, al cabo de algún tiempo, surge una mariposa ligera, libre que ya no destruye las hojas, sino que se alimenta con el néctar de las flores... La mariposa es un símbolo del alma que ha escapado a todas las limitaciones; y en esto consiste la resurrección, la verdadera resurrección... No hay que imaginarse que la resurrección de las que hablan las Escrituras es la del cuerpo físico: no hay resurrección para el cuerpo físico... Sólo existe el despertar de un elemento espiritual dentro de nosotros que estaba dormido, y que ahora está presto a desarrollarse plenamente...
Existen varias métodos para desarrollar el Yo superior: uno de ellos consiste en concentrarse en el ego, en el yo humano... Este yo es limitado, sin duda ilusorio, pero es, a pesar de todo, una realidad….Aunque digamos que no existe, existe ¡Por lo menos, en tanto que inexistencia!
Los sabios de la India han dado una fórmula que posee un sentido muy profundo. Dicen: “Yo soy El”. Lo que significa: “Yo no existo como ser separado, independiente. Existo como reflejo gracias a El. Y si ahora quiero reencontrarme, contactaré con El, que me ha creado; yo soy una inexistencia, una ilusión, únicamente El es una realidad”... Dios se ha proyectado a través del universo que ha creado, y ninguna criatura existe independientemente de El... Encontrar a Dios o reencontrase a sí mismo, es, en el fondo, el mismo trabajo……un trabajo de envergadura... Por momentos nos sentiremos, invadidos por la luz, proyectados a la supra conciencia, y estaremos deslumbrados por esta inmensidad, por esta belleza….Desgraciadamente esto no dura mucho; y, de nuevo, volvemos a la vida cotidiana con las mismas preocupaciones, las mismas debilidades, de nuevo nos sentiremos separados de la Divinidad, de nuestro Yo superior, como pedazos sueltos….Pero no nos quedemos así, esforzamonos para restablecer la conexión con nuestro Yo superior... Si persistimoss pacientemete, sinceramente, esta sensación de separación será cada vez más tenue, hasta que un día, por fin, ya no nos abandonará la luz; habremos cambiado de orilla, nos habremos salvado definitivamente....