04/09/2025
La Palabra que Decreta
I. El poder olvidado
En el principio fue el Verbo.
No una palabra cualquiera, sino el soplo que vibra en cada célula, la frecuencia que organiza el caos en forma, la orden que convoca lo invisible a hacerse visible.
Pero el hombre moderno ha olvidado este poder.
Convierte su palabra en ruido, en queja, en promesas vacías.
Ignora que cada sílabas que pronuncia es semilla que cae en la tierra fértil del subconsciente, y tarde o temprano germina en su vida.
Thomas Troward lo advertía: “La mente creadora responde con precisión matemática a las impresiones que recibe.”
Y la palabra hablada es la impresión más directa, más potente.
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II. La fe en la voz
La Escritura lo resume con un filo imposible de ignorar:
✨ “La fe es la sustancia de lo que se espera, la evidencia de lo que no se ve.”
Cuando hablas con fe, no describes la carencia, decretas la abundancia.
No mendigas al universo, ordenas a tu campo interno alinearse con la certeza del deseo cumplido.
Un rey no titubea al dar su mandato.
El soldado no pregunta si la orden será cumplida: la ejecuta.
Así también la palabra con autoridad no se duda ni se repite ansiosamente: se emite una vez, con convicción, y el universo responde.
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III. Ejemplos del poder creador
• Un médico que, frente al enfermo, no dice “quizá sanes”, sino “estás sanando”, transmite la vibración de certeza que activa la biología del cuerpo.
• Un maestro que afirma a su alumno: “Eres capaz”, despierta en él una semilla que florece incluso años después.
• Un líder que pronuncia: “Este es el camino”, convoca la fe colectiva y abre sendas imposibles para un hombre solo.
Neville Goddard lo resumía con claridad: “El subconsciente acepta lo que se le afirma con sentimiento.”
La palabra hablada es el cincel que talla la roca invisible del destino.
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IV. Ejercicio práctico: El decreto consciente
1. Elige una frase corta, clara y positiva, como:
• “Todo se ordena a mi favor.”
• “Soy abundancia en acción.”
• “Mi palabra crea realidades.”
2. Pronúnciala en voz alta, de pie, con respiración profunda.
3. Siente la vibración de la frase en tu cuerpo, como si tu voz encendiera cada célula.
4. Hazlo tres veces al día, siempre con el corazón alineado, nunca como repetición mecánica.
No es magia: es ley.
La vibración de tu voz imprime la orden en tu campo interno.
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V. Reflexión final
El universo no responde a súplicas débiles, sino a decretos claros.
El titubeo confunde, la certeza ordena.
Tu palabra es más que sonido: es geometría vibratoria que moldea el futuro.
✨ Habla como rey, decreta como creador.
No repitas lo que temes: pronuncia lo que eliges.
Y verás cómo el mundo se dobla ante tu voz, no por imposición, sino por resonancia.