23/10/2020
“No puedo estar sin ti, pero tampoco contigo”...
¿Cuántas veces escuchaste o dijiste esta frase? Desde afuera parece fácil detectar el problema y hasta solucionarlo. Desde adentro puede ser casi imposible cambiar.
El problema está en naturalizar el sufrimiento, en distorsionar el amor y en tener miedo a estar solos. Una relación tóxica es una relación destructiva, no saludable, en la cual una o ambas partes reciben y generan malestar o daño.
La manipulación, el control sobre el otro queriendo cambiarlo, la angustia, la violencia, la presión y los miedos, son ejemplos en la interacción de una relación de este tipo. Existe una codependencia que hace que esa estructura se mantenga.
Muchas veces los problemas de autoestima, los traumas, los condicionamientos, las inseguridades, la culpa o el desconocimiento, nos llevan a fomentar este tipo de relaciones.
El cambio requiere de un entorno sólido en el cual apoyarse y mucho trabajo interno para lograr modificaciones consistentes y a largo plazo. ¿El fin último? ¡Ser feliz!
Si el camino hacia esa felicidad se realiza acompañado, tiene que ir de la mano de un amor que dé tranquilidad y paz...
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