11/04/2020
La tarea del psicoanalista cuando interpreta los sueños, según Freud, consiste en cambiar el relato que recibe de su paciente, el "contenido manifiesto", por un nuevo texto que es el "contenido latente" (escondido) del sueño que ha escuchado, valiéndose de las asociaciones aportadas por el soñante en la sesión analítica. Eso es "interpretar" (deuten) el sueño.
Véase bien, "del sueño que ha escuchado" porque, para un psicoanalista, no hay más sueño que ése, la narración que oye de un sujeto en la sesión, un sujeto que ha demandado sus servicios, que paga por ello y que espera una respuesta de quien supuestamente sabe lo que tiene que hacer cuando le cuentan un sueño. Es por eso que el psicoanalista está relativamente desinteresado en los notables avances que la ciencia neurofisiológica ha hecho en este terreno. No por desdén sino porque sabe que esas investigaciones apuntan a algo diferente que las suyas y se refieren a otras cosas que las propias del análisis. Alguna vez Lacan dijo que había visto suficientes electroencefalogramas como para saber que nunca una idea o pensamiento se manifestaba en ellos. Para el electrofisiólogo el sueño es algo que pasa de noche y que él investiga con electrodos en la cabeza. Para el psicoanalista es algo que oye durante el día de la boca de un sujeto más o menos perplejo ante una producción de su psiquismo cuyo sentido se le escapa y que espera de él, a quien está ligado por una relación transferencial, que aporte algún tipo de comprensión y, fundamentalmente, que integre al sueño con el conjunto de su vida y de su experiencia con los otros. Como se ve, hay una perturbadora homonimia para referirse a dos realidades diferentes, cada una de las cuales merece ser investigada por separado pues requieren de una metodología distinta. El sueño del neurofisiólogo no es el mismo que el sueño del poeta ni el sueño del psicoanalista. Es menester evitar las confusiones acarreadas por esa coincidencia indeseable en torno a la palabra "sueño".
El analista no trabaja con lo soñado por el durmiente sino con el sueño relatado. Su objeto cambia con cada palabra que el sujeto, comprometido a decir todo lo que se le pase por la cabeza, agrega al relato. La naturaleza del sueño es lenguajera. La presuposición freudiana es que el sueño tiene la función de proteger el dormir y es movilizado por ciertos restos diurnos, por pensamientos que han quedado revoloteando en el alma del soñante durante el día y se siguen elaborando durante la noche. Esas preocupaciones no quedan, sin embargo, aisladas; ellas se ligan con deseos escondidos para el sujeto mismo, inconscientes. Por eso la tantas veces aludida expresión de Freud: "El sueño es la via regia para el acceso al inconsciente." A la que debe reunirse su otra tesis: "El sueño da forma figurada al cumplimiento de un deseo." En última instancia, su interpretación se reduce a un "ojalá" de algo que el sujeto no puede realizar en su vida vigil porque resultaría contrario a su yo, porque chocaría con sus sistemas de valores o con sus conveniencias sociales. Es por ese camino que el sueño está esencialmente ligado a la transgresión, a lo que el sujeto rechaza de sí mismo, a lo más íntimo de él que prefiere desconocer, mantener bajo represión. El relajamiento de la censura que durante el día imprimimos a nuestros pensamientos permite que, durante la noche, cuando esas imágenes resultan inofensivas, cuando no tenemos acceso a la motilidad que nos llevaría a actuar estos impulsos "peligrosos", nos permitamos soñar y, por lo general, olvidar rápidamente o devaluar la experiencia onírica diciendo: "era tan sólo un sueño".
El eje de la palabra del analizante es el poder de resolver soberanamente, con la mayor libertad posible, sobre el sentido de su soñar.
Alcanzar la verdad del sueño es tarea comparable a la de alcanzar la verdad del original en la traducción. El buen traductor no es el que impone las leyes de su lenguaje al texto original para hacerlo "comprensible", sino el que hace surgir de él su médula, lo "intraducible", lo que no se reduce a una jerga compartida.
Es lo que sucede con los sueños, pero sucede así cuando no se interponen las sospechosas influencias de los divulgadores que aplanan y ocultan la excepcional riqueza, los sutiles matices, el hambre por lo desconocido, la cabal originalidad de esa vida onírica que Freud descubrió y en donde pululan sentidos insólitos que terminan en el ombligo de lo incognoscible.
Fragmento de revista elsigma de psicoanálisis sobre algunas conceptualismos acerca de la teoria del sueño de Freud.