02/07/2020
¿Cómo impacta la situación actual en la convivencia de las personas?
Hablar de convivencia implica necesariamente hacer referencia a la acción de vivir en compañía de otros. En general, cuando las personas deciden convivir, establecen contratos -explícitos, de palabra, o implícitos- mediante los cuales se pretende organizar la vida diaria (tiempos, espacios, rutinas, etc.). La situación actual ha promovido una modificación en la vida cotidiana de las personas, lo cual afecta directamente la convivencia entre las mismas. Cambios como el teletrabajo o la educación escolar en casa, han implicado que aumente la cantidad de horas de convivencia entre los miembros de algunas familias. Esta situación puede llegar a repercutir tanto positiva como negativamente. Sin embargo, si se pretende sostener una convivencia estable y armoniosa entre los sujetos convivientes, se vuelve necesario considerar los siguientes aspectos:
En primer lugar, es importante generar un espacio para charlar entre todos los convivientes a fin de comunicar lo que nos está pasando y, al mismo tiempo, conocer lo que le sucede al otro. Planificar reuniones familiares o charlas podrían promover la creación de nuevos acuerdos de convivencia adaptados a la situación actual.Por otro lado, se vuelve fundamental reconocer los roles propios y ajenos (ver publicación sobre “Roles”) e identificar las actividades diarias, que son indelegables, y aquellas que pueden ser compartidas con el resto del grupo conviviente. La responsabilidad de todas las tareas hogareñas no por qué tiene que recaer en una sola persona. Animar a todos los miembros de la familia a realizarlas, según sus edades y capacidades, puede contribuir a una convivencia más saludable. Esto, a su vez, implica la necesidad de que se mantengan y/o establezcan nuevas rutinas y reglas que ordenen la vida dentro del hogar, aunque también es imprescindible que éstas contemplen cierta flexibilidad frente a los eventos que puedan darse en el contexto social y familiar.
De lo anterior, puede inferirse la necesidad del respeto entre las personas convivientes. Esto quiere decir que, para sostener una convivencia agradable, es necesario respetar el espacio individual de las personas, así como el tiempo que cada cual necesite para llevar a cabo sus actividades. Junto con la capacidad para respetar al otro, surge la idea del autocontrol, es decir, la capacidad de cada uno para regular sus emociones.Tanto el respeto por el otro como el autocontrol son necesarios para establecer y sostener una comunicación fluida y amena. Mediante la misma, los acuerdos en relación a los roles, rutinas y la organización del hogar podrían ser llevados a cabo de la mejor manera posible. No subestimemos el poder de la palabra, y menos en los tiempos que corren.
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