Clr Maria Candela Conde

Clr Maria Candela Conde Sean bienvenidos a este espacio en el que encontrarán artículos, videos, cuentos, frases y todo Counseling - Consultoría Psicológica

¿QUE ES EL COUNSELING?

Es una profesión en sí misma, que facilita por medio de un proceso acotado en el tiempo y encuadrado en sus objetivos específicos, áreas y medios de intervención, un proceso de cambio a personas, parejas, familias y/o grupos. El profesional del counseling, facilita la resolución de problemas, fomentando el desarrollo y la utilización del potencial de la persona, sin que esto implique una profunda reestructuración de la personalidad. El Counseling como abordaje, no procura cura de ninguna índole, se corre del paradigma médico terapéutico, donde hay una persona a quien curar, es una disciplina que interviene en el área de la prevención y promoción del desarrollo humano, no actúa en campos donde ya existen otras profesiones que dispensan su atención a personas “enfermas”. La especificidad del Counseling no es la terapia, ni el espacio de lo psicoterapéutico, sino el desarrollo personal y humano, más allá del marco teórico que el profesional implemente, sea este desde el enfoque Humanístico o Sistémico, su tarea de ayuda estará dirigida a personas que necesitan, un momento de escucha y acompañamiento para comprender mejor sus problemas, tomar decisiones, o realizar cambios en algunos aspectos de sus vidas. El counseling viene a llenar parte de un vacío socio-cultural, como una oportunidad para el desarrollo de las potencialidades inherentes de la persona y para que estos puedan reconocer sus propios recursos internos. El counseling es una profesión en si misma que facilita al consultante vivir de una manera más satisfactoria y plena. Fuente: Asociación Argentina de Counselors

13/12/2020

ORACIÓN DE DESPEDIDA A TODAS LAS QUE FUI

A todas las que fui un día: Gracias. A mis partes ya muertas: Gracias. A mí pasado ya cumplido: Gracias. A mis partes olvidadas que dejé en lugares que ya no recuerdo: Gracias. A mis partes que alguna vez se quebraron en miles de pequeños trozos que jamás encontré de nuevo: Gracias. A mis partes vacías que alguna vez intenté llenar con distracciones, apegos y obsesiones: Gracias. A mis partes frustradas y enfadadas por los deseos jamás cumplidos: Gracias. A mis partes que ya no van conmigo y ya ni siquiera me hacen sentido: Gracias. A mis partes que no quise ni pude abrazar: Gracias. A mis partes que no se atrevieron a marcar límites por miedo a no ser aceptadas: Gracias. A mis partes que alguna vez se maltrataron y dejaron maltratar por otros: Gracias. A mis partes que no creyeron en sí mismas: Gracias.
Hago hoy un réquiem para su despedida agradeciendo su tránsito en mi vida, pues es a todas esas versiones de mí que agradezco tanto.
Hoy despido y libero en absoluta rendición a todo lo que ya cumplió su tiempo. Es gracias a todas mis pequeñas muertes que hoy hay un nuevo espacio para la oportunidad, la vida y la creación. Gracias vida y gracias muerte por danzar armoniosamente ante mí. Hoy celebro la vida y canto fuerte ante este nuevo nacimiento. Y a mis partes ya muertas, las abrazo, las amo, las honro, agradezco y despido, pues fueron lo que mejor pude hacer por mí en aquel momento y lugar, por lo tanto, no las critico, sino que les rindo todos mis honores. Es por ello que hoy más que nunca siento que puedo volver a nacer, y como la primera vez, renazco desnuda y sin corazas, nuevamente como una mujer de loto, las corazas ya no son necesarias, por lo que doy una nueva bienvenida a la autenticidad en toda su luz y desde esa ingenuidad.

Fuente: Facebook: Sanar desde Adentro

01/08/2019

El Verdadero Valor del Anillo

Un joven concurrió a un sabio en busca de ayuda.

- Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar maestro?. ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?

El maestro, sin mirarlo, le dijo:

- ¡Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mis propios problemas. Quizás después... Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.

- E... encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas-.

- Bien -asintió el maestro-. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho agregó: Toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo para pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.

En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, así que rechazó la oferta.

Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó.

¡Cuánto hubiese deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro!

Podría habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y su ayuda.

- Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir 2 ó 3 monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.

- ¡Qué importante lo que dijiste, joven amigo! -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo?. Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:

- Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.

- ¿58 monedas? -exclamó el joven-.

- Sí, -replicó el joyero-. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé... Si la venta es urgente...

El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.

- Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como este anillo: una joya única y valiosa. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?

Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.

13/05/2019
16/02/2019

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Buenos Aires

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