22/01/2026
https://www.facebook.com/share/1EQxtr5Wus/
En el budismo decimos que dukkha, el sufrimiento, es inevitable. Es una parte integrante del hecho de estar vivo.
La persona a la que amamos no nos corresponde, o ha mu**to. Nos sentimos mal en el trabajo. Queremos tener un hijo, pero no podemos. O nuestros hijos no hacen más que darnos problemas. Enfermamos. Perdemos el trabajo. La lista de posibles sufrimientos es inacabable. Y es cómo respondemos en esas situaciones dolorosas lo que determina el alcance y la duración de nuestro sufrimiento.
El Buda nos enseñó algo verdaderamente poderoso al respecto. Observó que todos somos alcanzados por la flecha del sufrimiento, y la mayoría volvemos a ser alcanzados por una segunda flecha.
La primera es el dolor inevitable de estar vivos: todas las dolorosas experiencias que hemos mencionado arriba. Incluso las personas con la más alta realización se ven afligidas en esas formas.
Es la segunda flecha, sin embargo, la que nos produce auténtico daño. Se clava en el mismo lugar doloroso que la primera y agrava la herida. Es la flecha de resistirse al dolor, de querer rechazarlo. El Buda la llamó "la obsesión de resistirse". Normalmente adopta tres modos.
El primero de ellos se caracteriza por el deseo de escapar del dolor a través de la dependencia de sustancias anestésicas, como el alcohol, o a través de la rumia del pasado o la ensoñación de futuros.
El segundo es la resistencia moralista y controladora, con uno mismo y con los demás.
El tercero consiste, sencillamente, en entregarse a las diversiones de moda o a la adicción al trabajo. Ninguna de estas actitudes es efectiva a largo plazo. De hecho, solo consiguen ulcerar la herida inicial.
A estas dos flechas podéis añadir una tercera: la creencia de que, puesto que hemos sido heridos por las dos primeras flechas, algo debe de andar muy mal en uno mismo.
Sacamos la conclusión de que, si no hemos podido evitar la segunda flecha, debemos ser tremendamente defectuosos e inútiles. He observado que esta tercera flecha es muy común entre los occidentales. Gran parte de las personas que acuden a verme están fatalmente heridas por ella.
-Lama Yeshe Losal Rinpoche