08/02/2026
El juego, el descanso y el esparcimiento no son un lujo ni una recompensa: son una necesidad humana a lo largo de toda la vida. Desde las primeras infancias hasta la adultez mayor, estos espacios permiten al cuerpo y a la mente reorganizarse, procesar lo vivido y recuperar equilibrio. No se trata sólo de pausar, sino de habitar el tiempo sin exigencia.
Jugar no es exclusivo de la niñez. En cada momento de la vida, el juego adopta nuevas formas: crear, imaginar, moverse sin objetivo productivo, reír, explorar por placer. Estas experiencias estimulan el bienestar emocional, reducen el estrés y fortalecen la capacidad de vincularnos con otras personas y con nosotros mismos. El descanso y el esparcimiento, por su parte, sostienen la salud mental al permitir que el sistema nervioso se regule y se recupere.
Por eso, el derecho al juego y al descanso está reconocido como un derecho humano. Negarlos (por prisa, por culpa o por sistemas que valoran sólo la productividad) tiene un impacto directo en la salud emocional y colectiva. Permitirse jugar, descansar y dispersarse jamás será perder el tiempo.
(Grecia Avalos _ Imagen de SITJA)
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