05/02/2026
"La Identidad como Extranjería: El Rostro de la Alteridad".
Por Jorge Eduardo Catelli Psy. D.
(Febrero, 2026)
Lohana Berkins no busca la asimilación, sino el reconocimiento de su propia extranjería. Desde el psicoanálisis, el sujeto, así como Edipo, es siempre un extraño para sí mismo; sin embargo, el binarismo cultural intenta domesticar esa extrañeza bajo el etiquetamiento, la naturalización de roles y la legitimación de exclusiones y violencias, entre otros modos. Lo tr****ti, tal como lo trae Lohana, abraza lo que Lacan llamaría la extimidad: eso más íntimo que, a la vez, resulta radicalmente exterior y ajeno, en particular cuando pone en evidencia la identificación por fuera de la normatividad de la época.
Lohana menciona cómo "la biología no es un destino", coincidiendo con el giro freudiano. En sus Tres ensayos de teoría sexual, Freud ya advertía que la distinción sexual es un proceso complejo donde lo biológico, lo psíquico y lo social se entraman de forma no lineal.
Es precisamente en relación con los componentes de la sexualidad donde Freud destaca que la identidad no se agota en la ge***alidad, otorgando una importancia radical a los caracteres sexuales terciarios (los modos de conducta, la vestimenta, la voz y el posicionamiento psíquico):
Al presentarse frente al rostro del otro, Lohana no pide permiso para "ser mujer", sino que impone su alteridad como una verdad, incluso más allá de lo que llama “la ficción legal” de poder estar inscripta como mujer. Su presencia es una interpelación ética que nos confronta con lo que hay de extranjero en cada uno. Como he señalado anteriormente (2023), la construcción de la identidad no es un retorno una esencia, a algo del orden de lo propio, sino un entramado ineludible con esa alteridad que nos habita:
"La identidad se trama en la tensión irreductible entre el semejante, ese espejo que nos devuelve una imagen de unidad, y el prójimo, que en su alteridad radical nos confronta con lo extranjero y lo inasimilable".
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