Psicóloga María Fait

Psicóloga María Fait Para reflexionar... Lic. María Fait (Psicóloga y Docente)

Una madre  narcisista no ama a sus hijos: los usa para controlar al padre.Para ella, los niños no son corazones que prot...
25/11/2025

Una madre narcisista no ama a sus hijos: los usa para controlar al padre.

Para ella, los niños no son corazones que proteger, sino herramientas para extorsionar y chantajear al padre.

Tuerce la inocencia del niño y la convierte en un arma.

En público actúa como la “mamá protectora”, pero a puerta cerrada, es ella quien viola los sentimientos legítimos del hijo, quien lo instrumentaliza y quien genera conflicto.

Esas mujeres no ven a sus hijos como personas con alma y emociones; los ven como reflejos de sí mismas, como posesiones porque “los han parido”, para ellas son extensiones de su propio ego.

Y cuando los niños crecen y empiezan a pensar por sí mismos, esas mujeres se vuelven frías, crueles y distantes… porque ya no puede utilizarlos.

¿Lo más triste? El padre suele guardar silencio, tragándose su dolor para no ser alejado aún más de los hijos.

Pero un día, verán la verdad.
Y cuando eso pase, su poder termina — porque la conciencia es libertad.

Créditos a su autor

El guardia que terminó siendo amigo — Una historia real de Nelson MandelaCuando Nelson Mandela fue llevado a la prisión ...
22/11/2025

El guardia que terminó siendo amigo — Una historia real de Nelson Mandela

Cuando Nelson Mandela fue llevado a la prisión de Robben Island, muchos pensaban que aquel hombre saldría destruido, lleno de odio, quebrado por el peso de los años.
Pero no conocían la fortaleza de su espíritu.

En los primeros días, uno de los guardias que lo vigilaba decidió hacerlo sentir insignificante.
Le hablaba con desprecio.
Lo trataba como si su vida no valiera nada.
Querían quitarle la dignidad.
Querían apagar su espíritu.

Pero Mandela nunca reaccionó con rabia.
Nunca devolvió el insulto.
Nunca levantó la voz.
En lugar de eso… lo miraba a los ojos y decía:
“Buenos días. ¿Cómo está su familia?”

El guardia se enfurecía aún más.
No entendía por qué aquel prisionero, sometido y golpeado por un sistema injusto, seguía respondiendo con respeto.

Un día, cansado de no obtener la reacción que buscaba, el guardia le preguntó:

—¿Por qué demonios me trata así? ¿No entiende que soy su enemigo?

Mandela respiró hondo y respondió:

—Porque trato a las personas no por lo que son… sino por lo que pueden llegar a ser.
Y porque así es como me gustaría que usted me tratara a mí.

Esa respuesta, sencilla pero poderosa, cambió algo dentro del guardia.
No fue de un día para otro.
Ni siquiera de una semana a otra.
Pero con el tiempo… aquel hombre empezó a ver a Mandela como un ser humano.
Como alguien digno.
Como alguien admirable.

Años después, ese mismo guardia —que al inicio quería quebrarlo— terminó cuidándole con respeto.
Y cuando Mandela fue liberado y se convirtió en presidente de Sudáfrica…
ese guardia estuvo allí, entre la multitud que celebraba.

No como enemigo.
No como un carcelero.
Sino como alguien que había sido transformado por la fuerza de la dignidad humana.

Mandela no cambió al guardia con gritos.
No lo cambió con ira.
Lo cambió con ejemplo.

Nos recuerda algo que olvidamos con facilidad:

Cuando tratas a las personas desde tu grandeza, no desde su miseria…
siempre siembras una semilla.
Y tarde o temprano, esas semillas florecen.

Te amo, aunque no somos ni seremos.Pero estuvimos y fuimos.Fuimos las personas correctas,con la vida equivocada.Fuimos l...
15/11/2025

Te amo, aunque no somos ni seremos.

Pero estuvimos y fuimos.

Fuimos las personas correctas,
con la vida equivocada.

Fuimos la forma más bonita y triste
que tuvo la vida, para echarnos
en cara, que no se puede tener todo.

Lo sé y lo sabes.

Eres mi amor para otra vida,
mi amor para otra ocasión.

Llegaste demasiado pronto
y aun así fue tarde.

Me entendías más que nadie,
y no existía alguien,
que te quisiera más que yo.

Siempre he creído que todo es posible
y que lo imposible...

Solo tarda un poquito más.

Pero querido amor imposible,
contigo esa teoría está de más.

A veces siento que fuimos
impuntuales, o que el destino
se haya encaprichado tanto
con nosotros...

Que decidió ponernos un
minuto tarde.

Tal vez una persona antes
o una persona después.

FUIMOS TODO Y NO FUIMOS NADA

Desconozco el autor del techo y la imagen.

Perder a un padre no es solo perder a un hombre: es perder al que te sostuvo cuando el mundo parecía venirse abajo, al q...
02/11/2025

Perder a un padre no es solo perder a un hombre: es perder al que te sostuvo cuando el mundo parecía venirse abajo, al que no decía "te amo" con flores, sino con acciones. Al que no lloraba contigo, pero se tragaba el mundo para que tú no lo hicieras. Ese que no necesitaba muchas palabras, porque su amor se entendía en el silencio.

Y cuando se va... se va con parte de ti.
Porque nadie te enseña a vivir sin esa voz que te calmaba, sin ese consejo que parecía llegar justo a tiempo, sin esa mirada que te decía "todo va a estar bien", aunque nada estuviera bien.

Se extraña hasta lo que antes molestaba: sus sermones, su manía de ver noticias a todo volumen, sus formas medio toscas pero llenas de intención.
Porque uno no valora lo cotidiano... hasta que se convierte en recuerdo.

Y claro, la vida sigue.
Pero hay días donde su ausencia grita más fuerte que cualquier celebración.
Cumpleaños, logros, caídas... todo duele diferente cuando él ya no está.
Y aunque aprendes a vivir con el vacío, no se llena. Solo aprendes a respirar con él.

Pero ¿sabes qué no se va?
Su legado.
Su forma de mirar la vida.
Su fuerza, su ejemplo, su esencia en ti.
Porque si algo te enseñó papá, es a seguir, a luchar, a amar con el alma.

Así que no, no lo superas...
Pero lo honras.
Cada vez que haces lo correcto, que ayudas a alguien, que te levantas aunque duela.
Ahí está él.
No en cuerpo, pero sí en todo lo que sembró en tu alma.

Porque papá no murió...
Solo se adelantó para esperarte con el café listo y una sonrisa en el cielo.

Hace dieciocho años, la hija de Johnny Depp, la modelo Lily-Rose Depp, fue hospitalizada de urgencia en el Great Ormond ...
30/10/2025

Hace dieciocho años, la hija de Johnny Depp, la modelo Lily-Rose Depp, fue hospitalizada de urgencia en el Great Ormond Street Hospital de Londres. Tenía solo ocho años.

Una infección bacteriana repentina – una Escherichia coli particularmente agresiva – le causó una insuficiencia renal aguda. Sus riñones estaban dejando de funcionar. Cada hora era crucial.
Johnny Depp, uno de los actores más queridos del mundo, se encontró de repente viviendo su papel más difícil: el de padre que corre el riesgo de perder a su hija.

Mientras los médicos corrían contra el tiempo, él velaba por Lily-Rose día y noche. Ninguna fama, ninguna cámara, ningún set. Solo un hombre sentado junto a una cama de hospital, con el corazón roto.

Gracias al extraordinario trabajo del personal médico, Lily-Rose superó la crisis. Después de días dramáticos, su cuerpo respondió a los cuidados.
Lo había logrado.

Johnny Depp nunca olvidó esos rostros, esas manos, esas voces que habían salvado a su hija.
Y decidió agradecer a su manera.

Algún tiempo después, se presentó de nuevo en el Hospital Great Ormond Street. Pero esta vez no era Johnny Depp.
Era el Capitán Jack Sparrow.

El mismo truco, el mismo disfraz, la misma voz pastosa e irónica que los niños de todo el mundo habían aprendido a amar.
Durante horas –cuatro horas– recorrió habitación por habitación leyendo cuentos de hadas, contando historias y haciendo bromas, llevando una sonrisa donde había dolor.
Los niños no veían a un actor.
Veían a un pirata que venía a salvarlos del aburrimiento y del miedo.

Pero no se detuvo ahí: donó dos millones de dólares al hospital.

Y desde entonces, en cada uno de sus viajes, lleva consigo ese disfraz. No para las alfombras rojas. No para los fans. Pero, ¿por qué, dondequiera que vaya, podría haber un niño que necesite conocer a Jack Sparrow?

En una entrevista, dijo:

Esos médicos le salvaron la vida a mi hija. Es lo mínimo que pude hacer. Y si puedo hacer sonreír a un solo niño, vale la pena cada vez. ”

Un gesto silencioso, lejos de los focos.
No publicidad, sino verdadera gratitud.
No espectáculo, sino humanidad.

Y desde entonces, detrás de cada truco de pirata, detrás de cada chiste desgarbado, hay un padre que sabe lo que significa haber tenido miedo de perderlo todo.
Y que eligió transformar ese dolor en algo bueno.

3 horas después del funeral, el llanto comienza a apagarse.Tu familia regresa a casa y atiende a los invitados… mientras...
25/10/2025

3 horas después del funeral, el llanto comienza a apagarse.
Tu familia regresa a casa y atiende a los invitados… mientras tu cuerpo en la tumba empieza a encontrarse con los organismos de la tierra.

6 horas después
En casa ya hablan de deportes, noticias o política. Ya no tienes pensamientos ni reflejos…
mientras tu cuerpo en la tumba permanece en un silencio absoluto.

9 horas después
Solo tu familia más cercana se queda, los demás se han ido. Afuera hay abrazos, consuelo…
mientras tu cuerpo en la tumba se enfría lentamente.

24 horas después
Alguien que no sabe que moriste aún te llama o te escribe un mensaje…
mientras tus órganos en la tumba comienzan a descomponerse.

3 días después
En tu trabajo ya buscan a alguien para reemplazarte. La vida continúa…
mientras tu cuerpo en la tumba se hincha y tu piel comienza a tensarse.

5 días después
Tu familia regresa poco a poco a su rutina. Afuera la vida sigue…
mientras tu cuerpo en la tumba se licúa por dentro y cambia de color.

2 semanas después
Tus hijos hablan con un abogado para repartir tu herencia…
mientras tus dientes y uñas en la tumba empiezan a desprenderse.

3 meses después
Tu pareja ríe frente al televisor viendo una película…
mientras tu cuerpo en la tumba se funde con la tierra.

1 año después
Un ser querido visita tu tumba y dice: “Parece que fue ayer”…
mientras tu mortaja en la tumba se deshace por completo.

2 años después
Tu pareja conoce a alguien más, se vuelve a enamorar, y aunque nunca te olvidará… ya no eres la persona más importante.
Mientras tú, en la tumba, sigues desapareciendo poco a poco.

3 años después
Tus hijos te extrañan y te necesitan más que nunca, pero solo les queda lo que les enseñaste…
Mientras tú, en la tumba, ya no puedes abrazarlos ni aconsejarlos.

10 años después
Un amigo ve tu foto y te recuerda por un instante…
mientras en la tumba solo quedan tus huesos.
Y algún día…

Tus seres queridos levantarán la mirada al cielo y pensarán en ti…
mientras tú, en el cielo, ya habrás entendido que nada de lo que te preocupaba importaba tanto.

Este texto no busca asustar, sino recordarnos el valor del presente y la importancia de vivir plenamente

Tomado de la web

El 17 de mayo de 1993 la policía apareció en su casa como si fuera a reventar un galpón narco. La detuvieron y la separa...
19/10/2025

El 17 de mayo de 1993 la policía apareció en su casa como si fuera a reventar un galpón narco. La detuvieron y la separaron de tres chicos para quienes ella era la madre. De algún modo, eran tres de sus hijos. Fue condenada a un año de prisión en suspenso. Se la acusó de secuestrarlos. Se la acusó de ser una transexual perversa que les haría daño. Fue entonces que salió a los medios a contar su historia.
Años después, en la mesa de Mirtha Legrand, ella describiría aquel 17 de mayo como el día de la crueldad. Pero tuvo que atravesar muchas cosas antes de que se la escuchara.
Nació el 24 de diciembre de 1943 con nombre de varón, en la ciudad de Lules, Tucumán. 14 años después, en 1958, decidió cambiar su nombre. Ya entonces sabía que era mujer, y pasó a llamarse, para quien escuchara y para quien no, Mariela. Mariela Elcira Muñoz.
Según cuenta un documental sobre su vida dirigido por María Audras, pasó la infancia soportando golpizas, bullying, y hasta una violación colectiva. El padre la llevó al psiquiatra, la llevó a cabarets. La quiso "enderezar" a como diera lugar. Pero nada funcionó. Finalmente, rendido ante el coraje de su hija, la quiso así, mujer.
A los 15 años Mariela comenzó a cuidar a una mujer enferma que tenía dos hijos, uno de seis y uno de dos. Por su estado, la mujer no podía hacerse cargo. La joven se ocupó de ellos. Luego, crecieron y ya no los vio más.
A los 21 años se mudó al conurbano bonaerense. Se instaló en una casa que compró en Florencio Varela. Fue allí que comenzó a recibir a chicos en su casa, a los que amó y cuidó. El primero era hijo de una mujer que se dedicaba a la prostitución y se lo entregó. Después encontró a una adolescente en una estación de tren, desamparada y con una beba en brazos. Se encargó de las dos.
Crió, a lo largo de su vida, 23 hijos (y, sobre el final, ¡30 nietos!). Cuatro de ellos eran hijos de un albañil al que Mariela le prestaba una pieza a cambio de ayuda en la construcción de esa misma casa. Como él no podía cuidarlos, también se hizo cargo de ellos. "Los crié a todos hasta que se casaron. Salieron de mi casa con sus parejas, como en todo matrimonio", contó en una entrevista con la revista Gente en 1993.
Mariela era tarotista y para mantener a su familia trabajaba como vidente. "Parece una persona triste. ¿Lo es?", le preguntó la periodista Renee Salas en aquella nota. "Tengo la melancolía que acompaña a los de capricornio", respondía ella.
Sus tareas con los chicos eran las de cuidado: los llevaba al colegio, los ayudaba con los exámenes, les hacía de comer. Pero la sociedad todavía no estaba a tiempo de entenderlo.
En una ocasión una mujer le entregó a sus hijos. Ella los aceptó. Al tiempo, la mujer se arrepintió y sin siquiera hablar con ella le hizo una denuncia. Fue entonces el día de la crueldad: la detuvieron y nunca más vio a esos tres chicos que había cuidado con todo el cariño.
Mariela salió entonces a los medios a pelear por ellos. Contó su historia. Dijo, sin rodeos: "Quiero aclarar que soy mujer. Mis hijos mayores son evolucionados, bien criados y educados. Lo asumieron con orgullo, por eso dieron la cara: mamá es mamá. Hice por todos ellos lo mejor que pude. No los engañé, nunca".
Era 1993 y la Argentina se enfrentó por primera vez al debate de si una persona transexual podía ser madre. Fue ella, aunque muchos no lo sepan, quien abrió esa puerta.
Mariela se había realizado la operación de cambio de s**o en 1981 en Chile. La operó el médico Guillermo Mac Millan. En los noventa, luego de que estallara el caso que la llevó a la tapa de todos los medios, el médico decía también a Gente: "Su actitud de mujer, su sentimiento de madre, su nobleza para llegar a la adopción, que es uno de los sentimientos más sublimes del mundo, me reconfortan. Es la respuesta que siempre buscamos en todos los casos que operamos".
En 1997, en aquella entrevista en la mesa de Almorzando con Mirtha Legrand, la conductora abrió el programa con el documento de ella en la mano. "Esto es impresionante. Yo nunca vi un caso así. Es revolucionario", decía, mientras leía: "Mariela Muñoz, argentina, tucumana". Y remataba: "Te entrego tu documento, donde aparece que sos una señora". Era la primera persona del país en conseguir el cambio género y nombre en el Documento Nacional de Identidad.
Mariela era ya un ícono, una mujer plantada que, frente a la sorpresa respetuosa de Mirtha, le dijo: "Creo que es algo importante y que detrás mío vendrán otras transexuales que tendrán que hacerlo, pero me gustaría que fuera por ley". No fue en vano su militancia: su deseo se cumplió en 2012, cuando se promulgó la Ley de Identidad de Género.
En 2013 Mariela tuvo un ACV y una jueza le otorgó un subsidio "extraordinario y reparatorio" por la discriminación a la que el país, la ley y la desidia la habían sometido. Tenía entonces 70 años.
Cuatro años después, el 7 de mayo de 2017, se fue de este mundo. Tenía 73 años. La noticia tardó varios días en llegar a la prensa. Finalmente, Mariela Muñoz había vencido,bordando de pájaros la bandera de una patria tolerante. Haciendo del mundo un lugar un poco menos hostil para esa veintena de hijos que había criado.
Honrarla es poco.

El 16 de septiembre de 1976, el mundo se detuvo ante un verdadero héroe. Shavarsh Karapetyan, campeón mundial de natació...
18/10/2025

El 16 de septiembre de 1976, el mundo se detuvo ante un verdadero héroe. Shavarsh Karapetyan, campeón mundial de natación y con solo 23 años, acababa de terminar una agotadora carrera de 13 millas a orillas del Lago Yerevan, en Armenia, cuando un estruendo rompió el silencio:

Un trolebús había atravesado el muro de contención de una represa y se había sumergido en las aguas sucias y turbias del lago.

Sin pensarlo dos veces, movido solo por el instinto de salvar vidas, Karapetyan corrió hacia la orilla, se desnudó y se zambulló en el horror.

El agua era negra, contaminada por aguas residuales, y la visibilidad era nula. Aún así, nadó a ciegas unos 5 metros hasta encontrar el vehículo sumergido. Todas las ventanas estaban cerradas. Con patadas, rompió la ventana trasera — desgarrándose las piernas con los vidrios rotos — y comenzó un acto sobrehumano.

Durante 20 minutos que parecieron eternos, Shavarsh desafió a la muerte en cada inmersión. Rescató, uno a uno, 37 cuerpos. Veinte de esas personas sobrevivieron gracias a él. Otras nueve escaparon por la apertura que él creó. Pero el precio fue alto: contrajo una neumonía gravísima, pasó semanas en el hospital, y sus pulmones nunca se recuperaron por completo.

Aun así, al año siguiente, contra todas las expectativas y con el cuerpo aún en recuperación, Karapetyan regresó a las piscinas. En un último acto de gloria, conquistó el oro y rompió su 11º récord mundial, antes de retirarse definitivamente.

Shavarsh Karapetyan no fue solo un atleta. Fue un héroe que nadó contra la muerte para salvar vidas.

Créditos a su autor

15/10/2025

"Las deudas de por vida"

Cuando los padres narcisistas ven a sus hijos como si les debieran una "deuda de vida" simplemente por haber nacido, se distorsiona por completo el verdadero sentido de la paternidad. En lugar de ver la relación con sus hijos como un espacio de amor y apoyo incondicional, la crianza se convierte en una transacción emocional donde los hijos deben constantemente cumplir con las expectativas y deseos de los padres para sentirse valorados. Este tipo de dinámica crea una carga emocional muy pesada para los hijos, quienes sienten que nunca será suficiente lo que hagan para "retribuir" el hecho de haber nacido.
Los hijos no están en deuda con sus padres por la vida que les dieron, ya que el rol de los padres no es un sacrificio que merezca retribución, sino un acto de amor y responsabilidad. Criar a un hijo implica cuidar, guiar y amar sin condiciones, no imponer una carga de expectativas. En muchos casos, estos hijos crecen con sentimientos de culpa, insuficiencia y ansiedad, creyendo que nunca podrán alcanzar las exigencias impuestas por sus padres.

Liberarse de esta idea es crucial para sanar y establecer límites saludables. Entender que no estamos obligados a "pagar" por nuestra existencia nos permite reconectar con nuestro propio valor, desarrollar relaciones más sanas, y elegir un camino de vida donde nuestras necesidades y emociones sean igual de importantes.

Créditos "Demasiado humanos, demasiado sensibles "

Acompañar a morir con dignidad...
11/10/2025

Acompañar a morir con dignidad...

08/10/2025

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