07/05/2021
Si hay algo que me mostró la vida, cuando comencé a transitarla como adulto, es que crecemos en los momentos de adversidad, mas que en los buenos.
Cuando decidimos afrontarla con actitud activa, nos entregamos con fe y esperanza a lo bueno que nos puede traer la vida, a pesar que en el presente veamos solo oscuridad.
Cuando vivenciamos estas situaciones dolorosas, sentimos que se asemejan a las tormentas reales.
De chico vivía en una zona de la provincia, semi rural y cuando venía una tormenta, empezaba a volar todo. Desde el patio de mi casa ya no podía ver claro el horizonte. Empezaba a volar tierra, las hojas de los árboles, alguna chapa de un techo, se ponía negro el cielo y sentía miedo. Creía, con angustia en ese momento, que nunca iba a acabar. Pero siempre terminaba en algún momento, por lo general llovía y de a poco iba aclarando hasta que se iba asomando algunos rayos de sol.
Así también es en la vida, cuando estamos en medio del dolor vemos todo negro y nos cuesta pensar que en un momento finaliza y sale el sol.
Cuando decidimos afrontar la adversidad , sacamos lo mejor de nosotros, aunque nos genere miedo e incertidumbre.
A esto denominamos resiliencia, todos como seres humanos la tenemos, es confiar en nosotros y saber que con esfuerzo, trabajo y paciencia, se puede resolver eso que vemos como imposible.
Pero estas últimas actitudes están desvalorizadas en esta época, donde todo tiene que ser ya y placentero.
Entonces cuando viene una crisis que nos mueve la estantería, salimos corriendo y no afrontamos ese desafío, no maduramos esa situación, que seguramente, como un karma, se ira repitiendo a futuro.
Hay que amigarse con los miedos y el dolor. Sino los aceptamos, nos quedamos como niños ante la vida, con la ilusión de que sea maravillosa y libre de dificultades.
Cuando vamos madurando entendemos que no hay que esperar la perfeccion para estar bien, sino aceptarla con todos sus matices: el dolor y el placer, la tristeza y la alegría, el fracaso y el éxito, todo forma parte de ella, y nos hace más plenos vivirla en su integridad.