28/02/2022
El miedo nos constituye como los pulmones. Es un afecto que existe desde que existe el hombre, como sentimiento. Freud trabajó con la famosa histeria de angustia, que es miedo como manifestación.
Hay diversos tipos de miedos, su presencia es un común denominador en el sujeto, y donde no se lo encuentra como tal, se puede rastrear un sustituto, como el miedo a la altura.
Es decir que el miedo cumple con una función psíquica vital, Algo de esa función tiene que ver con constituir un espacio para uno en el que se puede estar con otros, aunque no se los vea. Es decir, a través de los miedos se produce un intenso trabajo psíquico.
No obstante los miedos no solo habitan durante la infancia, seguramente todos sabemos que esa experiencia se presenta a lo largo de la vida en mayor o menor medida y con diversos matices.
Cuando sentimos miedo, ubicamos con precisión aquello a qué temer, creando al mismo tiempo el objeto de temor, localizando y precisando la angustia en un punto definido y claro. Lo amenazante queda identificado con un objeto del mundo.
Diferente es la angustia, ya que es aquello que no engaña. Es un punto de captura del sujeto en aquello más propio, aquella falla estructural que define al sujeto en relación con una decepción radical respecto de aquello que uno creía ser.
¿Qué es el miedo sino algo que habla de nosotros? ¿Cómo les va a ustedes con el miedo? ¿A que le temen?
Seamos capaces de mirarnos a través de nuestros miedos y con ellos, no en contra. Ellos hablan de nosotros, y si nos damos espacio para pensarlos, podemos quitarles peso y protagonismo. Abramos la puerta a elegir algo más que reprimirlos, repetirlos, y sobre todo de castigarnos por no terminar de superarlos.
Vamos a mirarlos un poquito, porque también es un modo de conseguir nuestra propia libertad.