11/12/2025
Ayer cerramos los 16 Días de Activismo compartiendo una actividad con un grupo de mujeres que no se conocían entre sí, pero que rápidamente reconocieron algo en común: la necesidad de encontrarse, de nombrar lo que duele y de recuperar lo que fortalece.
No fue un taller ni una charla: fue un espacio simple y poderoso donde la palabra circuló, pero también lo hicieron la risa, el silencio, la incomodidad y la ternura.
Un espacio donde lo colectivo volvió a recordarnos que la violencia no se desactiva en soledad, sino en red.
El 25 de noviembre nos invita todos los años a mirar de frente las violencias que atraviesan la vida de las mujeres. El 10 de diciembre —Día Internacional de los Derechos Humanos— nos recuerda que prevenir, acompañar y transformar esas violencias no es una tarea simbólica: es una responsabilidad ética y política.
Ayer, en ese encuentro entre desconocidas, quedó claro algo que a veces olvidamos: que cada vez que una mujer se siente escuchada, creída y acompañada, se produce una forma pequeña —pero muy real— de reparación.
Gracias a todas las que se animaron a participar.
Gracias por traer sus voces, sus historias y sus tiempos.
Gracias por demostrarnos, una vez más, que el activismo cotidiano también sucede en estas mesas compartidas. Acá estamos 💜