05/12/2025
Lo que vivimos en el taller de alquimia vibracional no fue una simple práctica:
fue una irrupción energética, un punto de quiebre donde cada cuerpo recordó su verdad.
En la sala, la energía empezó a moverse como un pulso antiguo:
tensiones que se aflojaban, emociones que subían a la superficie, memorias que se iluminaban.
Cada participante atravesó su propia liberación —esa chispa interna donde lo viejo se desarma y lo nuevo empieza a respirar.
No hubo técnicas “mágicas”. Hubo presencia, vibración y un campo compartido tan intenso que la energía hacía su trabajo sola.
Algunos sintieron calor, otros temblor, otros una tranquilidad tan profunda que parecía venir de otro plano.
Al final, todos coincidimos en lo mismo:
algo se había soltado… pero, sobre todo, algo se había despertado.
Así se vive la alquimia vibracional:
como un viaje interno donde el cuerpo se libera, la energía se reordena y la consciencia vuelve a su trono.