30/11/2025
Cuando la coraza cedió, lo que apareció, no se puede una vez mas describir con el lenguaje habitual.
Lo mas cercano sería llamarlo "un orgasmo" pero no un orgasmo del cuerpo, sino un orgasmo de la propia vida. Una expansion que se origina en un lugar que no es físico. Un centro que pareciera estar mas allá de la biografía y mas alla del cuerpo .
Abrir los ojos hacia adentro , cruzar la puerta interior, encender la oscuridad y la respiración apareció. Pero no la cotidiana, no la que controla, sino la que se entrega. Una respiración que acelera el cuerpo para que la conciencia se libere, la que abre portales internos, que empuja suavemente las capas que uno ya no necesita.
Una respiración que me sostuvo cuando el cuerpo ya no alcanzaba y atravesé la armadura sin romperme.
Comprendi la energía vital como una serpiente dormida en la base del cuerpo, que asciende, rompe corazas, abre el pecho y expande la conciencia.
Ascenso. Estallido de vida. Luz desplegandose de adentro hacia afuera.
San Juan de la Cruz no hablaba de un placer corporal, Rumi no hablaba de un amor corporal. Teresa de Avila no hablaba de un extasis corporal. Todos hablaban de lo mismo. Una plenitud que nace adentro, un estallido silencioso, una unión con algo mas grande que uno. Una fusión que se reconoce mas por la entrega que por el significado.
En ese instante el cuerpo desaparece solo queda sostenido y en cada oleada surge el rezo. No un rezo aprendido sino un gesto primitivo del alma. El llamado a lo femenino sagrado de la virgen, a esa presencia que cuida y sostiene. Un lenguaje antiguo.
Y luego mirar hacia afuera. Ahi los vi todos. Reconociendolos desde un lugar mas profundo. Percibiendolos sin interpretacion, sin defensas. Un reconocimiento que me conmovió.
Es ver la humanidad desnuda de cada uno
No fue un entusiasmo pasajero. No fue un pico emocional. Es una quietud viva. Una certeza que se sostiene. Una confianza que no busca prueba.
Y cuando uno nace de nuevo, se relaciona distinto, de manera tal que en esos encuentros no tenga que esconder esa luz que apareció, sino desde la verdad, la apertura, desde el alma que escucha y no desde la necesidad.