21/12/2021
Así terminan muchas películas de Disney, dando entender la obvia conclusión de que el amor nos hace ¡maravillosamente felices! Suena hermoso no?. No, ¡claro que no! Y veremos por que.
👉 Partiremos con lo más básico, las definiciones y para ello nos valdremos de la R.A.E, en la cual encontramos en la primera acepción, de catorce, lo siguiente:
Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.
Articulando el concepto con lo que nos dice la empresa de ratón Mikey Mouse concluiríamos que: El amor, no solo es sentimiento sino búsqueda de eso que nos llena y así seremos felices.
Esta idea no es nueva, tiene sus orígenes en la mitología, encontramos en el libro del Banquete, de Platón a Aristófanes quien declara: "Todos los hombres tenían formas redondas, la espalda y los costados colocados en círculo, cuatro brazos, cuatro piernas, dos fisonomías unidas a un cuello circular y perfectamente semejantes, una sola cabeza, que reunía estos dos semblantes opuestos entre sí, dos orejas, dos órganos de la generación, y todo lo demás en esta misma proporción. Estos seres podían ser de tres clases: uno, compuesto de hombre y hombre; otro, de mujer y mujer; y un tercero, de hombre y mujer, llamado 'andrógino' (...)" Como seres poderosos, perfectos y completos, se embarcaron a una colosal aventura, derrocar a los Dioses del olimpo y ante aquella epopeya, el Dios Zeus, que no quería extinguir a los hombres, encontró una solución, disminuir sus fuerzas: dividiéndolos en dos mitades.
El problema surgió después: “Hecha esta división, cada mitad hacía esfuerzos para encontrar la otra mitad de que había sido separada; y cuando se encontraban ambas, se abrazaban y se unían, llevadas del deseo de entrar en su antigua unidad, con ardor tal que, abrazadas, perecen de hambre e inacción, no queriendo hacer nada la una sin la otra”. En nuestros días y con la mutación del tiempo, al mito lo conocemos como la media naranja y desde ahí el principal reclamo, “hazme feliz”, es decir; que le pedimos al otro que se haga cargo de nuestro vacío existencial 🤕
Así nos vienen enseñando hace más de mil años. A resumidas cuentas, amar, es cargar de expectativas al ser amado, es idealizar y proyectar “que el otro tiene justo aquello que me falta”, es ilusionarme (la manera de si me desilusiono es si primero me ilusione), es caer en la frase “el amor es ciego”, ciego, porque está lleno de preconceptos de lo que “debe ser”, impidiendo la vista para lo que es realmente.
Cuántas veces pedimos, demandamos, exigimos desde ese postulado, “tienes que cambiar”, cuantas veces lo escuchamos del otro lado.
📌 ¿La otra persona es un medio para un fin? La búsqueda y encuentro de la felicidad gracias a ese otro (léase como pregunta y respuesta)
📌 ¿Cómo sería si el otro fuese un fin en sí mismo? Entonces, ¿Qué nos queda? Si yo no estoy para hacer feliz al otro, ni viceversa, ¿para que estamos juntos?
Me gustaría que tomes un momento de pausa reflexiva y pienses el amor como algo más que la necesidad de que un otro te llene… Entonces, ¿Qué habrá ahí?