29/09/2025
La gran mayoría de las “locuras desatadas de los manicomios” , como dice Marcelo Percia, se discapacitan. Así algunos de nosotros, los que transitamos el campo de locura y sostenemos que se trata de apapacharlas, creamos territorios de acogida que, de acuerdo a los organismos que nos rigen, son Centros de Día, Centros Educativo-Terapéuticos, Espacios sociolaborales, residencias.
Esos territorios que forman el campo de locura, se hacen creando lazos en los pequeños resquicios que nos dejan los que establecen cómo tienen que ser las cosas para estos “objetos” de mirada calificadora y controladora de ellos.
Estos varios que, sorteando escollos y barreras seguimos pensando que estas propuestas de los organismos estatales, de nuestra provincia, de nuestra nación y de los internacionales que los comandan, siguen las mismas lógicas manicomiales con las cuales se crearon los grandes psiquiátricos para aislar al diferente, al que no encaja, les decimos no.
¿Qué llevó a la creación de estos espacios? ¿Cómo, poco a poco, la locura pasó a formar parte del mismo, ya sea tratándose del niño loco, el adolescente desadaptado, el adulto que no encaja? ¿Cómo se desprendieron de su mirada estigmatizante, controladora, algunos espacios que no ponen el acento en el mirar al otro como otro, sino caminar a su lado, haciendo suyo el camino que trace?
¿Cómo algunos practicantes del psicoanálisis se adentraron allí? ¿con qué herramientas?
¿Hay particularidades en nuestra posición que están sostenidas por el suelo que pisamos?
La propuesta es mostrar desde dónde intentamos sostener una trama particular, enlazando nuestro andar en este campo que a su vez desanda y desmaleza los enmarañados muros que aún se alzan para impedirlo.