El Refugio Del Angel en las Sierras Chicas

El Refugio Del Angel en las Sierras Chicas Centro de actividades Holísticas dedicado a atención de personas y animales y a la formación de Terapeutas de diferentes disciplinas, en Sierras de Córdoba.

27/12/2025

Lo que todos los docentes nos llevamos en el corazón, como mayor tesoro...
El amor de nuestros queridos alumnos ♥️

Finalizando etapas, para volver a comenzar...Gracias, 2.025, bienvenido 2.026.En gratitud 🙏
27/12/2025

Finalizando etapas, para volver a comenzar...
Gracias, 2.025, bienvenido 2.026.
En gratitud 🙏

"No hay cima más alta, que salvar una vida humana"
19/11/2025

"No hay cima más alta, que salvar una vida humana"

En la madrugada helada de mayo de 2012, a casi nueve mil metros de altura, donde el aire se vuelve una idea y no una certeza, un joven alpinista israelí estaba a punto de convertirse en leyenda.

Nadav Ben Yehuda, de apenas 24 años, ascendía por la arista final del Everest. Le faltaban 300 metros para tocar el punto más alto del planeta. Trescientos metros para entrar en los libros.
Tres cientos metros para cumplir un sueño que había perseguido durante años.

Y entonces lo vio.

Primero, los cuerpos de dos alpinistas que habían mu**to días antes, suspendidos de la misma cuerda por la que él avanzaba. Luego, un segundo golpe: un bulto inmóvil en la nieve. Un hombre sin guantes, sin máscara de oxígeno, temblando al borde de la muerte.

Era Aydin Irmak, un escalador turco que Nadav había conocido en el campamento base.
Un rostro que ya no debería estar allí arriba.
Un hombre que otros habían ignorado en su carrera hacia la gloria.

En ese instante, la montaña se convirtió en un espejo.

Los récords, la fama, la cima.
O la vida de alguien más.

Nadav escogió.
Y eligió lo humano.

Descolgó su mochila, se quitó los guantes, y cargó a Aydin sobre sus hombros. Durante nueve horas, descendió la montaña más despiadada del mundo con un hombre inconsciente a cuestas. Su máscara de oxígeno se rompió. Sus dedos comenzaron a congelarse.
El dolor era insoportable; el miedo, aún más.

Y todavía hubo más: en el camino encontró a un alpinista malasio al borde de la muerte. Detenerse era firmar su propia sentencia, pero también lo hizo. Consiguió oxígeno de otros escaladores.
Y continuó bajando.

Cuando al fin llegaron al campamento, la montaña había cambiado para siempre su significado. No era un trofeo. No era una cima. Era el lugar donde un hombre eligió ser humano antes que héroe.

Nadav salvó dos vidas.
Y al hacerlo, perdió la cima pero ganó algo más grande: el respeto del mundo entero.
Y algo aún más valioso: la paz de poder mirarse al espejo sin bajar la mirada.

Israel le otorgó la Medalla Presidencial, su mayor honor civil.
Pero su verdadera recompensa está en otra parte: en saber que, allí donde casi todos siguen subiendo, él decidió detenerse.

En una época obsesionada con la gloria, un joven de 24 años nos recordó una verdad sencilla:
no hay cima más alta que salvar una vida humana.

Porque cada Ser, sobre la Tierra, trae su propia misión.Bendito seas, Gumby! 💜
18/11/2025

Porque cada Ser, sobre la Tierra, trae su propia misión.
Bendito seas, Gumby! 💜

En Charleston, Carolina del Sur, hay un perro que se convirtió en leyenda. Su nombre es Gumby, un sabueso de siete años que, en dos años, regresó al refugio más de diez veces. Fue adoptado siete veces, entregado ocho, recogido como perro perdido tres.

Cada intento de darle un hogar terminaba igual: Gumby escapaba y volvía al lugar donde parecía pertenecer.

Al principio, el personal del Charleston Animal Society (CAS) pensó que era cuestión de encontrar la familia adecuada. Pero las adopciones duraban días, semanas, a lo sumo meses. Gumby se escabullía como un Houdini de cuatro patas, caminaba kilómetros y aparecía de nuevo en el refugio.

Los adoptantes se rendían con el corazón roto, temiendo que un día se perdiera para siempre. Pero Gumby parecía tener claro que su sitio no estaba en una casa, sino en el refugio. Allí no intentaba escapar. Allí se quedaba tranquilo, rodeado de voluntarios y otros perros.

El equipo de comportamiento del CAS descubrió la razón: Gumby tenía un talento especial. Podía leer las emociones de otros perros, ajustar su propio comportamiento y calmarlos. Los recién llegados, temerosos y ansiosos, encontraban paz a su lado.

Gumby se convirtió en un compañero terapéutico para los más vulnerables.

Además, su grupo sanguíneo resultó compatible tanto para perros como para gatos, convirtiéndolo en un donante de sangre que salvó vidas. Gumby pasó de ser “el perro problemático” a ser un héroe silencioso del refugio.

Hoy, Gumby ya no busca escapar. El refugio lo adoptó oficialmente y él encontró su propósito: ayudar a otros animales a sanar, acompañar a los voluntarios y recordar que no todos los perros necesitan un hogar tradicional. 💕

📷 Charleston Animal Society

18/11/2025

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