08/03/2021
En esta pandemia nos hemos defendido del miedo y de la incertidumbre con las defensas que teníamos para sobrevivir.
El alcohol, cerveza y vino 🍾, a unos, a otros la ma*****na 🚬, y otros la comida 🍔. Estar encerrados como corral, nos hizo dejar de lado el espejo, salvo para el cuadrado del zoom.
Adaptados a una realidad dolorosa y triste 😔, limitada y sin esperanza, comer fue la manera más familiar, para muchos, de sentirse calmados, anestesiados.
El cuerpo virtual es un cuerpo diferente, más engañoso. En el mundo virtual no hay olores ni tacto. Ambos esenciales en el cuerpo viviente humano.
Al cuerpo del zoom no le aprieta la ropa 👗. No le pesan los kilos de más porque es un cuerpo quieto.
Ahora, al tener que volver a salir del cuerpo del zoom, al salir de la actitud de la pandemia, donde COMO PORQUE MAÑANA NO SÉ QUE VA A PASAR, el reencuentro con la mirada del otro 👀, nos enfrenta con un cuerpo hinchado, pesado, dopado. "Es un cuerpo rechazado, olvidado, sin memoria, desconectado de la historia del sujeto, aislado de la simbolización de su existencia" (DOMÉNICO COSENZA. La comida y el inconsciente.)
Dormir y estar en pillama mirando netflix es una manera de aislar nuestro cuerpo de todo parámetro que nos ayude a g***r de él.
Y no se trata de conformar a la sociedad con la búsqueda imposible de un cuerpo delgado a costa de dietas de hambre. Se trata de no seguir comiendo para callar. Para conformar.
Con suerte, podremos empezar a animarnos a no comernos todo. A no ser tan complacientes y tan sumisos. 𝘈 𝘭𝘰 𝘮𝘦𝘫𝘰𝘳 𝘴𝘦 𝘵𝘳𝘢𝘵𝘢 𝘥𝘦 𝘱𝘰𝘥𝘦𝘳 𝘦𝘮𝘱𝘦𝘻𝘢𝘳 𝘢 𝘤𝘶𝘪𝘥𝘢𝘳𝘯𝘰𝘴 𝘺 𝘦𝘭𝘦𝘨𝘪𝘳 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘯𝘰𝘴𝘰𝘵𝘳𝘰𝘴 𝘺 𝘯𝘰 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘴𝘢𝘵𝘪𝘴𝘧𝘢𝘤𝘦𝘳 𝘢 𝘯𝘢𝘥𝘪𝘦 𝘮á𝘴. 𝘕𝘪 𝘦𝘴𝘱𝘦𝘤𝘵𝘢𝘵𝘪𝘷𝘢𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘪𝘦𝘮𝘱𝘳𝘦 𝘱𝘢𝘳𝘦𝘤𝘦𝘯 𝘪𝘯𝘤𝘰𝘭𝘮𝘢𝘣𝘭𝘦𝘴.
𝙇𝙞𝙘. 𝙈𝙖𝙧𝙩𝙖 𝙂𝙞𝙧𝙖𝙡𝙩