16/01/2026
Con los años fui viendo algo muy claro en el estudio.
La mayoría de las personas, en realidad, no llega al Estudio buscando “yoga”.
Llega buscando alivio.
Alivio para una dolencia física.
Para una patología.
Para el estrés.
Para la ansiedad.
Para esa sensación tan común de “mi cabeza no para”.
Llegan buscando un lugar donde poder frenar un poco.
Y casi siempre el primer cambio no es una postura, ni una técnica.
Es poder respirar sin apuro.
Es sentirse sostenidos.
Es darse permiso para parar.
Con el paso de las semanas, algo empieza a acomodarse.
El cuerpo responde.
La mente se aquieta.
La práctica se vuelve un espacio propio.
Y muchas veces eso empieza a trasladarse también a la vida:
a la casa, a la familia, al trabajo, a la forma de habitar el día.
Lo más hermoso es cuando eso se comparte.
Cuando alguien dice:
“Esto que hago acá me hace sentir bien"
Y cuando esas personas después eligen la formación para enseñar yoga, pasa algo muy especial.
Surgen los mejores profesores.
Porque no enseñan desde una idea.
Enseñan desde una experiencia vivida.
Ahí es donde el yoga se vuelve auténtico.
Porque no se transmite solo desde el estudio académico,
sino desde el propio proceso personal.
El conocimiento es la base.
Es la estructura.
Es lo que sostiene.
Pero la vivencia es el verdadero aprendizaje.
Y es lo que convierte a un practicante en un verdadero guía.
Eso, para nosotros, es formar profesores de yoga.
Acompañar personas que primero se transforman,
y luego, desde ahí, acompañan a otros.
💬Contanos tu experiencia. ¿Cómo llegaste a yoga?