20/11/2025
En algún momento de nuestra vida, tod@s hemos sentido esa voz interna que nos mira con dureza y nos juzga. Esa que, frente al espejo o en medio de una clase, susurra: “Estoy hinchad@… ¿por qué me puse esto?”
Esa voz no nace del cuerpo: nace de la historia, de las comparaciones, de las exigencias que cargamos sin darnos cuenta.
El diálogo interno es uno de los factores que más moldea nuestra autoestima. Lo que nos decimos por dentro puede levantarnos o hundirnos, acompañarnos o sabotearnos.
Cada palabra que nos dirigimos es una forma de energía: o nos expande o nos encierra.
Pero lo que no siempre vemos es que esa voz crítica no es la verdad. Es un viejo mecanismo de defensa, una memoria emocional que aprendió a protegernos creyendo que señalar “errores” nos haría mejores.
Hoy no se trata de callarla a la fuerza, sino de transformar la forma en que nos hablamos.
De cambiar el “no me gusta cómo me veo” por “estoy haciendo lo que puedo, y eso es suficiente”.
De dejar de ver al cuerpo como un enemigo y empezar a verlo como la casa que nos sostiene incluso cuando no la tratamos bien.
Cuando empezamos a hablarnos con cariño, algo profundo sana:
la mirada se suaviza, la exigencia afloja, y el cuerpo deja de ser una batalla para convertirse en un espacio sagrado.
Recordalo: tu valor no está en un top, en un día de hinchazón o en cómo te ves en una sala llena de espejos.
Tu valor está en tu conciencia, en tu proceso, en tu alma que intenta —cada día— volver a elegirse.
Háblate como le hablarías a alguien que amás.
Porque vos también merecés ser tratada con ternura. ✨🌿 #ᴀᴜᴛᴏᴄᴜɪᴅᴀᴅᴏ #ᴀᴍᴏʀᴘʀᴏᴘɪᴏ