07/07/2024
La tristeza, muchas veces, se pone, cómo en un carnaval veneciano, diferentes máscaras, y se las habita, de la forma que se puede. Las "máscaras" a las cuales estamos más habituados a ver, son quizás, la pena, el dolor, el desconsuelo, y otras un poco más dulces, la nostalgia y la melancolía, entre otras. Pero otras "máscaras" menos usadas, pero que también participan en el carnaval, son la ira y el enojo. Sí, muchas veces, la tristeza se disfraza con esas "caras". Es, ante un estado tan doloroso como la tristeza, que podemos, inconscientemente, no aceptarlo, y ese dolor que nos consume y nos daña todo lo que somos, la forma de aliviar algo de todo ese desgarramiento, es ponerlo afuera, cómo?, disfrazado de ira y enojo, y así, expulsarlo, en circunstancias, ese enojo puede aparecer con una acción contra nosotros mismos, o...contra otros. Buscamos calmar ese estado de dolor interno, colocándolo afuera, escupiendolo, buscando su mutación, vía enojo, para que duela afuera, intentado así, consumir un poco de ese fuego, que nos hace arder el alma. Ese castigo, a uno mismo o a otro/s, inflinjido por ese enojo, es muy probable, que después, genere culpa, volviendonos así, a colocarnos otra vez, alguna "máscara" de dolor, y haciendo de la tristeza, una forma espiralada, en donde será más difícil de salir.
Siempre consideré a la tristeza, un lugar, un espacio muy noble, dónde la sensibilidad nos cubre y, en algún punto, nos purifica...pero como en el amor, también siempre habita el odio( enmascarado), en la tristeza, también habita la ira y el enojo, pudiendo lastimar(nos) o dañar(nos), para que no nos duela tanto, todo nuestro ser.