05/12/2025
Las costumbres conocen la habilidad de enredarse en la piel... se vuelven rutina... companía involuntaria... sombra. Caminan con nosotros y en ese transito seguimos respirando historias que ya no nos pertenecen. Los vínculos, los deseos postergados, los miedos que guardamos... cada cosa que dejamos intacta reclama nuestra complicidad. No se trata de culpabilidad... sino de honestidad: lo que no cambiamos sigue viviendo porque de algún modo lo elegimos, aún en silencio, aún desde la costumbre, aún sin celebrarlo. Y lo elegimos no como condena , sino como posibilidad. Como un llamado a revisar lo que guardamos por nostalgia, por miedo o por simple inercia. Como una invitación a preguntarnos que pasaría, si ésta vez, fuese diferente. Quizá el verdadero movimiento no sea romper todo, sino tocar lo que parecía inamovible. Cambiar una palabra, abrir una ventana, decir la verdad que evitamos, abandonar una espera que envejeció. A veces la revolución empieza así... con un gesto minimo que se atreve a abrir la puerta que venimos bordeando desde hace años. Hablar con la verdad.