30/03/2026
La forma en que percibimos a Dios tiene consecuencias reales y concretas en nuestras vidas.
La forma en que vivamos la vida cristiana depende de esto. De acuerdo a cómo creamos que es Dios, se verá afectada profundamente nuestra vida emocional.
Una de las formas distorsionadas en que podemos ver a Dios es como si fuera un castigador siempre enojado, siempre decepcionado con nosotros.
Esto es muy propio del legalismo. Es como si él nos entregara un listado de leyes y reglas, y cumplirlas todas es la única forma de ganarnos su amor y su aprobación.
Como es de esperar, no podemos hacerlo, fallamos, lo hacemos mal. Por lo que vivimos con culpa, frustrados, enojados, llenos de autoexigencia y sentimientos de fracaso.
Con miedo de acercarnos a Dios, ya que él está enojado y decepcionado con nosotros. Y cuando nos acercamos, lo hacemos prometiendo ser mejores y esforzarnos más.
Pero luego volvemos a fallar, repitiendo nuevamente el ciclo.
Y si no podemos acercarnos a él, ¿de dónde obtendremos las fuerzas para vivir una vida que le agrade?
Necesitamos volver a traer a nuestra mente y a nuestro corazón la verdad sobre cómo es Dios.
Dios está lleno de Gracia, Misericordia y Perdón (Salmos 145:8-9; Efesios 2:4-5).
Por supuesto que es un Dios santo, que aborrece el pecado y no lo dejará sin castigo. Pero la maravilla del evangelio es que ese castigo ya fue sufrido por Cristo en la cruz (1 Pedro 2:24; Isaías 53:6), no tenemos que cargarlo nosotros.
Cuando Dios ve a sus hijos, los ve con amor y misericordia. Aunque fallemos, aunque no demos la talla, aunque en ocasiones nos frustremos con nosotros mismos, esto no cambia en nada la forma en que Dios no ve, ni el amor tierno que siente por nosotros.
No es por ningún mérito nuestro que podemos disfrutar de este amor inamovible, sino porque cuando nos mira, nos ve en Cristo Jesús.
---------------
Si deseas recibir directamente las publicaciones le invito a unirte al canal de WhatsApp usando el siguiente link.
https://whatsapp.com/channel/0029VaUuMQfDuMRhLn12OK3G