30/01/2026
Y de pronto, tus hijos se vuelven tu juez
Y de pronto, sin aviso, tus hijos crecen…
y ya no solo te miran como madre,
empiezan a mirarte como si evaluaran cada decisión que tomaste.
Te juzgan con palabras que duelen más porque vienen de ellos. Con silencios largos. Con reproches disfrazados de “verdades”. Con preguntas que parecen acusaciones:
¿Por qué hiciste esto?
¿Por qué no estuviste?
¿Por qué permitiste?
Y ahí estás tú, la que dio la vida,
la que se equivocó intentando hacerlo mejor, la que amó con lo que sabía y con lo que tenía.
Ellos no vieron tus noches sin dormir,
ni tus miedos escondidos, ni las decisiones que tomaste llorando, ni los sacrificios que hiciste en silencio para protegerlos.
A veces olvidan —porque aún no les toca entender— que tú también fuiste hija,
que tú también cargabas heridas, que nadie te entregó un manual y que muchas veces sobreviviste mientras criabas.
Duele cuando tus hijos se convierten en jueces porque el juicio viene sin misericordia y sin contexto.
Porque juzgan desde la comodidad de no haber estado en tus zapatos.
Hoy te escribo esta reflexión a ti mujer, no para justificar errores, sino para ayudarte a sanar tu corazón de madre que hoy se siente señalada, cuestionada, minimizada.
Tal vez un día ellos entenderán. Tal vez no!
Pero tú puedes elegir no cargar la culpa eterna por errores que nacieron del cansancio, del miedo o de la ignorancia,
pero nunca de la falta de amor.
Ser madre no es ser perfecta. Es amar profundamente aun cuando te equivoques.
Y aunque hoy tus hijos te miren como juez,
Dios te mira como madre… con misericordia, con verdad,
y con un amor que abraza y que libera.
Te abrazo con mi alma,🙌🏻💞