18/04/2018
Autor: Patricio Leone.
Imperdible, impecable y tan certero.
LAS COSAS QUE UNO ESCRIBE.
Hace dos años, luego del fallecimiento del pibe en la Time Warp, escribía esto.
Hoy, lo suscribo.
DE LÍMITES, ORTIBAS Y SILDENAFIL.
- Chicos, alguien tiene un Rivotril que me preste?
- Tengo Alplax, es lo mismo?
- Sí, dale, gracias!
Tienen hipertensión, pero "una picadita no se puede dejar pasar"
Toman sildenafil, porque "no quiero pasar papelones"
Tienen diabetes, pero "una porción de torta me la merezco, che. No todos los días se cumplen años"
Tienen colesterol alto, pero "el asadito es sagrado. Mirá si no le voy a entrar a una mollejita..."
Tienen antecedentes, pero siguen fumando. "De algo hay que morir"
"Cuando llego del laburo me fumo uno. Para bajar un toque, viste?"
Todos le caen a los pibes de la Time Warp, como si no fueran un producto que hemos construido meticulosamente.
Eso no los desresponsabiliza, claro.
Pero es un vector de análisis.
El 80% de los pibes en su primer empleo no llegan al año.
Conclusión de la investigación?
Dificultades para aceptar normas.
No pueden procesar los límites.
En una sociedad que los ve con repulsión.
No entienden que un jefe les diga que no pueden llegar tarde.
"Por?", preguntan, cándidamente.
Administro un grupo Psi de 124 mil miembros.
Cuando alguien insulta, descalifica o falta el respeto, es expulsado.
Ahí andan los echados, pibes y grandulones, estudiantes y psicólogos, puteándome por cuanto sitio habiten.
"Ortiba, fascista, censor", entre otras bellezas.
Esta sociedad abjura de los límites.
Los detesta, los repudia.
Placer, placer y más placer.
Irrestricto, expansivo y voraz.
Ese pareciera ser el paradigma.
Sin embargo, los límites siguen siendo estructurantes.
Los padres se desentienden de ellos, de ambos ellos, pibes y límites, abrumados por una vida cada vez más estresante y ansiógena, devorados por necesidades reales y ficticias, perseguidos por monstruos mucho menos monstruosos que las consecuencias.
Como bien señalara la siempre necesaria Silvia Bleichmar, la felicidad y el placer se parecen, pero no son lo mismo.
La felicidad incluye una dosis de sufrimiento.
Y límites.
El placer no los acepta.
Y dejarse subyugar por él, tiene sus costos.
Nadie soporta la restricción.
Y eso se transmite.
Hasta que no lo veamos, y el panorama parece ser cada vez más oscuro, seguiremos contando cadáveres, algunos mu***os, algunos vivos.