23/06/2021
Carta de Biodescodificación para sanar
A los 8 años tuve mi primera menstruación. Se me explicó que al resto de las niñas eso les sucedería cuando fueran mayores, así que no debía contárselo a nadie. Así a los 8 años comprendí que menstruar estaba mal, y ser mujer también.
Las toallitas higiénicas recién comenzaban a comercializarse. Mi mamá iba al supermercado y trataba de encontrar las de menor tamaño, yo sentía vergüenza de esa situación. Mancharse, en público fue y sigue siendo una situación humillante, como si forzosamente debiera ocultarse siempre que menstruamos. Durante años sentí vergüenza de comprar productos femeninos, de pasarlos por la caja, como si debiese esconder mi condición de mujer.
Quedé embarazada a los 17 años siendo soltera, esa situación me condenó a la crítica de mis compañeros de escuela, de mis vecinos y amistades cercanas. Cuando mi hijo nació tuve una hemorragia y la sangre manchó mi ropa y las sábanas, otra vez me sentí humillada y sucia.
Materné sola. El padre de mi hijo que no trabajaba, comenzó a trabajar en la misma estación de servicio que yo trabajaba, obligado por mí, porque para él era un trabajo desprestigiante. Cuando le pedí que comprara ropa para NUESTRO hijo, se negó ya que su sueldo no lo iba a gastar en el niño. Por lo que comprendí estaba sola. NO obstante como me enfermé y él me vio en mi casa cargando al niño, fue al trabajo y dijo que yo no estaba enferma, logrando que me echaran. Historia que me diría la dueña de la estación.
Ahora estaba sola, sin trabajo y sin plata. NUNCA olvidaré haber escuchado a mi hijo llorar de hambre. Una madre no vuelve a ser la misma desde ese momento. Recuerdo mi desesperación y haber salido a pedir comida. Odié a ese hombre a quién tanto había amado. Recuerdo lo caras que eran las toallas higiénicas y lo que me costaban mis menstruaciones. Odie mi feminidad, mi capacidad de engendrar.
Años mas tarde ese odio se convertiría en cáncer. Recuerdo los dolores menstruales con el cáncer, y otra vez los sangrados excesivos y el dolor. Retorcerme de dolor y desear no menstruar eran constantes en cada mes.
Cuando sané del cáncer, un terrible miedo me comenzó a atormentar… ¿y si quedaba embarazada nuevamente?
Tuve un DIU 13 años, el dispositivo me generaba menstruaciones dolorosas y abundantes, pero por ninguna causa quería quitarlo, impedía los embarazos y me daba la seguridad de no maternar sola.
El día que me saqué el DIU, mi terror creció. Con los años utilicé todos los anticonceptivos del mercado hasta quedarme con los parches.
Mi miedo a criar sola un hijo sola nuevamente era superior a la coherencia, el solo hecho de pensarlo me llenaba de tristeza, de incertidumbre. ¿Cómo iba a cuidarlo, cómo iba a darle todo lo que necesitaba?
Mi hijo había pasado noches en el terciario sentado a mi lado para que yo me recibiera, había sufrido el abandono de su padre más de una vez.
A los 5 años viaje a Neuquén para que conociera a su padre, que cuando llegamos no se encontraba, estaba en Bs As porque él no entendía la desilusión de un niño que viajaba 14 horas para ver a un padre. Un padre que no lo estaba esperando y que no se lo había avisado.
Hasta los 10 años llevé a mi hijo a ver a su padre. En esa ocasión me pidió que yo no viajara más con el niño, su novia y actual esposa no me quería ahí, así traje a mi niño llorando 14 horas de viaje. Por esa razón y porque su padre le había negado un helado, y mientras lloraba me decía:
- “ Ni con toda las necesidades que pasamos, vos ,me has negado un helado, y él que tiene, no me lo quiso dar” -
Las razones eran que había muchos niños y para no gastar en un helado, compró galletas. Veía a su hijo una vez al año pero comprarle un helado y hacerlo sentir bien era un gasto.
Ver a mi hijo sufrir me partía el alma, y me llenaba de miedo. ¿Cómo tener otro hijo ? ¿Y si elegía mal al padre?
Cuando mi hijo tenía unos 13 años, su padre vino a verlo. Quería presentarle a su hermano, el hijo que sí había elegido criar. No vino porque él quisiera ver a Leonel, sino porque su hermanito quería conocerlo.
Cada uno de estos actos agravaban mi miedo a maternar sola, a vivir nuevamente el dolor de un hijo que se siente no querido por su padre.
Escribo esto porque para no pasar por estas circunstancias nuevamente, mi cuerpo y mi mente llenaron mi útero de miomas con el fin de no concebir.
Hoy rompo mi miedo y me veo como la mujer y la madre que soy, fuerte para criar un hijo y amarlo, para cuidarlo y alimentarlo pero sobre todo para amarlo.
ACEPTO MI PODER FEMENINO DE ENGENDRAR Y DAR VIDA. ABRAZO MIS MENSTRUACIONES COMO PARTE DE MÍ COMO MUJER, COMO HEMBRA. DEJO ATRÁS TODOS MIS MIEDOS Y ME MIRO FUERTE Y PODEROSA.
AGRADEZCO MI CONDICIÓN FEMENINA DE MADRE.
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