31/03/2020
La solución a la sudoración y mal olor en los pies
A menudo el mal olor de pies causado por el sudor se considera como un hecho más o menos banal que induce a risas y comentarios jocosos, pero tras esa presunta trivialidad pueden estar escondiéndose consecuencias muy molestas para la salud, como la aparición de infecciones por hongos, e incluso dramáticas realidades, como la hiperhidrosis, un trastorno en el que la hiperactividad de las glándulas sudoríparas provoca una sudoración excesiva, con todos los efectos nocivos que ello implica para la vida cotidiana del afectado (incomodidad plantar, micosis, vergüenza al descalzarse en público, etc). Nuestros sufridos pies están sometidos a mucha presión, y la piel que los recubre no escapa a ese cerco, como lo demuestra la variada lista de funciones de la que debe ocuparse: propiedades protectoras y de conservación del medio interno, percepción del medio exterior, capacidad secretora del sudor a través de las glándulas sudoríparas... de hecho, estas glándulas -600 por centímetro cuadrado de piel- se concentran a conciencia en la región frontal de la cara, palmas de las manos y plantas de los pies, encargándose de la termorregulación corporal, es decir, de la evaporación del sudor y de la humedad de la superficie cutánea. La tarea de la transpiración es vital: al igual que otros procesos depurativos de los que dispone el organismo, trata de eliminar las toxinas generadas por la alimentación, contaminación y estrés, solo que en este caso se materializa mediante la evacuación de líquido por los poros. Este proceso, en ocasiones, se ve mediatizado por la presencia de determinadas bacterias que al descomponerse producen mal olor. La importancia de una buena higiene Existe una serie de recomendaciones preventivas que constituyen la base de una correcta higiene podal: usar un calzado ventilado y cómodo, a ser posible de piel y que se alterne con otros pares, llevar calcetines de algodón que deben ser cambiados a diario, reservar las zapatillas deportivas para el ejercicio físico, no andar descalzo en lugares públicos (vestuarios, piscinas...) y, tras lavarse los pies con agua tibia y jabón neutro, secarse correctamente, sobre todo entre los dedos. El complemento ideal para una higiene podal sin resquicios posibles para los malos olores pasa por la aplicación de productos con efecto secante, desodorante, absorbente y antitranspirante. Cuando hay signos de piel húmeda -que incluso pueden llegar a dejar rastros visibles en el calzado-, además de piel rosada o blanco-azulada y olor desagradable, es que la sudoración de pies se manifiesta en toda su magnitud. . Para sudoraciones normales, se encuentran los polvos tratantes del sudor , los cuales, gracias a la acción del talco, óxido de zinc, ácido tánico y sílice coloidal, neutralizan los olores, regulan la transpiración excesiva, absorben el sudor, evitan las escoceduras y roces e impiden el crecimiento de hongos y la maceración por humedad excesiva. De uso diario tras el lavado y secado del pie, los polvos tratantes se aplican con gran precisión gracias al orificio dispensador, que permite dirigir el producto de forma correcta entre los dedos. Para sudoraciones extras y recalcitrantes están indicados los polvos tratantes en cuya composición, además de los ingredientes anteriormente citados, se les suma el mentol, extraído de la menta, de propiedades analgésicas y refrescantes. El agradable olor que se consigue con estos polvos refuerza su capacidad secante y antimicótica. Capítulo aparte merece el spray antitranspirante De gran eficacia cosmética, sus sales de aluminio, farnesol, glicéridos de cadena media, mentol, aceite esencial de menta estimulan el secado rápido al tiempo que aromatizan la piel de los pies. Se recomiendan aplicar dos veces al día tras el lavado y secado del pie.