03/04/2026
Esta reflexión de Gandhi es una expresión universal, para dar nuestro último adiós y soltar a quién debe partir de este mundo.
Cuando perdemos a un ser querido, entramos en un mundo oscuro, doloroso y traumático que nada puede calmarnos.
Desde la noticia que nos sacude, se desmorona nuestra vida. Nos brotan emociones desde la negación, profunda tristeza, angustia, impotencia, pesimismo, enojo, culpa de no haber hecho lo suficiente o no haber dicho algo, es una herida que está drenando. En ese torbellino de pensamientos y sensaciones, nos juzgamos y quisiéramos parar, pero no podemos.
Observamos y cuestionamos todo. En lo profundo aparecen preguntas ¿para que todo esto?, ¿por qué funciona así el mundo?
Se siente un derrumbe y un gran vacío, darnos cuenta de la finitud de la vida, más aún si la persona era joven y sana.
Lo fáctico de la vida explotó ante nuestros ojos, donde nada parece tener el mismo sentido. Las metas hacia donde quería llegar, junto con mis valores, no tienen la misma fuerza de sostén.
No hay fórmulas mágicas para salir de esta “angustia del sin sentido”, cada uno lo vivirá y pedirá la ayuda necesaria, pero saber que en algún momento de la vida nos alcanza a todos.
Después de un tiempo, quien sabe cuánto…, entendemos que es un proceso natural de duelo, un camino a transitar para elaborar la perdida. Pero cuánto duele…
La frase de Gandhi que nos ofrece, nos acompañara siempre “estés donde estés estarás en mi corazón”
También en momentos de crisis el ser humano madura, despierta la conciencia y nos ayuda a revisar nuestra vida a reformular prioridades, reafirmar nuestros vínculos, crear nuevos valores, porque de pronto “crecimos” y lo anterior ya no es suficiente