23/12/2019
Se acerca la Navidad y much@s me pidieron una reflexión respecto de este tema, más precisamente sobre Santa Claus o Papá Noel -no sobre la cuestión religiosa-, así que allá voy. Eso sí, recuerden que esta vez es sólo una mera opinión -a diferencia de las publicaciones que hago habitualmente-, sólo una invitación a reflexionar.
• La idea de mentirles a nuestr@s hij@s -porque en este caso lo hacemos- es en sí misma incómoda y negativa... Pero hay un par de cosas importantes que señalar: en la infancia existe una etapa (Piaget la ubicaba entre los 2 y 7 años) en la que prima el pensamiento mágico -no el lógico concreto o abstracto-, tal como lo vemos cada vez que jugamos con ell@s o les leemos un cuento o les contamos una historia. Tomamos ese recurso para contar esta historia: un juego más. Otro punto es que existe en este caso una buena intención, una invitación a jugar y a llenar el mundo de magia. Conforme a este buen propósito deberíamos revisar que el mensaje sea verdaderamente positivo, sin que se esconda allí un recurso para controlar su conducta. ¡Son tantas las amenazas y chantajes que se esconden y/o delegan a ese hombre de barba blanca! ¡Mucha atención a esto!
• ¿Cuál sería un buen mensaje? Bueno, no creo que yo deba trasladar mis valores como si fueran los mejores o los únicos elegibles, pero la imagen de juntarnos para celebrar -más allá de las diferencias-, la solidaridad, la esperanza, la gratitud, la generosidad, el amor y la paz... suenan muy bien. En cambio, el costado consumista de esta celebración no parece justamente el mejor mensaje, sobre esto nos pondremos rápidamente de acuerdo...
• Luego, la realidad es tan fascinante y está tan llena de magia que no creo que haga falta agarrarse de esta fantasía, pero el cuento igual está, y nuestr@s hij@s lo van a escuchar más allá de nuestra elección. Y esto nos obliga a considerar que lo que digamos puede ir a favor o en contra de los sueños de otr@s. Por esto, seamos siempre cuidadosos y respetuosos de lo que piensan l@s demás, sin creer que somos mejores ni peores que nadie.
• Por otro lado, ¿qué pasa con la decepción y frustración posterior a enterarse de la verdad? Son instancias que nos convocan a acompañarl@s de la mejor manera, con sensibilidad, entendiendo lo importante que puede ser este momento para ell@s. Explicarles el por qué y para qué de esta tradición e invitarl@s a no perder de vista los valores, más allá de la historia.
• Por último, ell@s conocen este cuento sólo a través nuestro, no de otra manera, por lo que vale preguntarnos si al final de cuentas no sostenemos todo este juego por la ilusión que a nosotr@s mism@s nos genera...
• En definitiva, mi respuesta a la imagen que acompaña la publicación es: ni una cosa ni la otra.
¡Felices fiestas! ¡Mi más sincero deseo de felicidad para tod@s! ¡Y a trabajar por ello!