16/03/2026
A veces la adultez se llena de exigencias.
Y eso nos lleva a mirar lo que todavía falta. Lo que podría mejorar. Lo que aún no alcanzamos.
Y sin darnos cuenta, dejamos de mirar algo muy importante: Todo lo que sí construimos.
Hoy tengo días largos, responsabilidades, decisiones que sostener. Un trabajo que depende de mí. Personas que confían. Espacios que fui creando de a poco.
Pero si la niña que fui pudiera mirar esta vida por un momento, creo que no estaría viendo lo que falta. Estaría mirando totalmente sorprendida
Sorprendida de tener un espacio propio.
De volver a entrar a escuelas desde otro lugar. De acompañar a otras personas en sus procesos. De haber construido un camino que la representa.
A veces la adulta se preocupa. La niña, en cambio, está profundamente orgullosa.