16/10/2021
Son cada vez más frecuentes las consultas por diagnósticos emitidos a niños y niñas, en edades tempranas.
❕❕No llegan a los 3 años y ya circulan de profesional en profesional, en una peregrinación eterna para encontrar un modo de nombrar lo que sucede desde el punto de vista psicológico, neurológico, fonoaudiológico e incluso psiquiátrico.
¿Existen dificultades?
Sí. Hubo siempre, solo que ahora se nombran. Lo que se etiqueta es la experiencia que niños y niñas producen.
¿Más que antes?
Sí.
🧐Pero, ¿qué diagnosticamos?
Nosotros no diagnosticamos la conducta con la que el niño o niña se expresa; sino que intentamos comprender la experiencia singular que el niño recrea como un "modo de existir". Y qué entendemos por esto? Creemos que es el modo en que el niño se relaciona con algo o alguien.
🔸Circulamos por la vereda de los profesionales que no colocan la etiqueta con categorías diagnósticas a situaciones singulares, no somos los que coagulamos psiquismos, porque entendemos que el desarrollo psíquico de un niño o niña es un movimiento dinámico, se abre al cambio y a las modificaciones constantes.
Los problemas de los niños no están definidos en la infancias, se transforman en el devenir de los acontecimientos. Si hay movimiento, no definimos a un niño como hiperquinético.
Si un niño o niña, en una situación particular se manifiesta con miedos no lo hace "fóbico".
❕❕"El afuera, arma el adentro" nos sugiere Levin. Se propone que "los diagnósticos se escriben con lápiz".
En este sentido, un diagnóstico no debiera representar el sello que obture el sufrimiento y taponee al niño o niña, tampoco una firma que cierre puertas, sino por el contrario, que abra posibilidades diversas y se pueda recibir el modo singular que el niño o niña puede donar todo el amor que recibe 💜
🔸La clínica en primera infancia representa intervenciones tempranas, intensas y múltiples, pero nunca una etiqueta que los defina para siempre.
- Créditos a quien corresponda.