11/06/2020
En el marco de la Ley de Identidad de Género y la no discriminación por orientación/identidad sexual, desde el Área Género y Diversidad comparten algunas reflexiones que interpelan nuestras prácticas como profesionales de la salud.
Desde el Área Género y Diversidad queremos acercar en el mes de mayo algunas reflexiones que nos permitan interpelar nuestras prácticas como profesionales de la salud en el marco de la Ley de Identidad de Género y la no discriminación por orientación/identidad sexual.
Estas dos fechas, la del 9 de Mayo día que se sanciona la Ley de Identidad de Género y el 17 de Mayo Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia, son una oportunidad para entrar en diálogo con los modos de ejercer nuestra profesión y preguntarnos ¿realizamos prácticas respetuosas con la población LGBTIQ+?
Podemos comenzar preguntándonos acerca de cómo nombramos o nos referimos a las personas cuando solicitan nuestra atención por primera vez ¿lo hacemos a través de su nombre y su apellido tal como figura en su DNI o le preguntamos de qué manera esta persona prefiere/elige ser llamada? De igual manera cuando, como profesionales, preguntamos sobre estar en un vínculo ¿cómo lo nombramos? ¿en qué tipo de vínculos pensamos cuando preguntamos en relación a los mismos? ¿heterosexualidad obligatoria? ¿consideramos que podemos tener sesgos en nuestra escucha? ¿nos posicionamos y pensamos solo desde la monogamia? Así podríamos seguir con más preguntas para lo cual invitamos al ver el video llamado: “¿Cuáles de la Diferencia?” que es una iniciativa de "Centros Libres de Homofobia" de Uruguay, organizada por el Colectivo Ovejas Negras, el Ministerio de Salud Pública, RAP, ASSE, la Universidad de la República Oriental del Uruguay y UNFPA Uruguay. Acá les dejamos el link: https://www.youtube.com/watch?v=WUnGHQNpxQY
La forma en que nos presentamos, damos la bienvenida y hacemos las preguntas y escuchamos su problemática o malestar es importante porque es desde donde nos posicionamos para ver, visibilizar, legitimar y respetar al sujeto que está frente a nosotros/as. En el marco de los DD.HH., en Argentina, contamos con normativas y leyes de más de 8 años de vigencia que establecen cómo debemos comprender la construcción de las identidades: la Ley de Identidad de Género N° 26.743 en su artículo 2 define la misma como: “la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente, la cual puede corresponder o no con el s**o asignado al momento del nacimiento, incluyendo la vivencia personal del cuerpo. Esto puede involucrar la modificación de la apariencia o la función corporal a través de medios farmacológicos, quirúrgicos o de otra índole, siempre que ello sea libremente escogido. También incluye otras expresiones de género, como la vestimenta, el modo de hablar y los modales.”
En línea con estas palabras les compartimos una frase dicha por Adrián Helien y Alba Piotto (2012) en su libro Cuerpos Equivocados que dice: “Solo una persona que se mira en el espejo, que elige cada día cómo vestirse, cómo interactuar con el mundo, es quien puede decir cuál es su identidad. Y nadie por fuera de esa persona podría tener la autoridad de realizar un juicio sobre esto.”
Hay corporalidades y diferentes modos de habitarlas, es por este motivo que esta idea cambió y actualmente no los llamamos más cuerpos equivocados, sino que hablamos de una diversidad de cuerpxs.
En esta línea tampoco el hecho de ser mujer o ser varón define la orientación sexual, esta mirada heteronormada en donde se presupone que toda mujer tiene una pareja varón y que todo varón tiene una pareja mujer es negar las posibilidades vinculares y s**o-afectivas que reconocemos como la homosexualidad, bisexualdiad, poliamor, amor libre, sin pareja,etc. El 17 de mayo se conmemora el día en que la OMS decidió eliminar a la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales. Este hito histórico inspiró a establecer a una celebración anual para convocar la atención de toda la sociedad (tomadores de decisiones, los medios de comunicación, el público, las corporaciones, los líderes de opinión, autoridades locales, etc.) con el objetivo de visibilizar la alarmante situación en torno al odio y a las las violencias que sufren las personas con diversas orientaciones sexuales; identidades, expresiones de género, y características sexuales que deciden ejercer sus derechos a vivir libremente como ser humanx.
Tomando palabras de Osvaldo Bazán, de su libro “Historia de la Homosexualidad en la Argentina”, queremos compartirles unas reflexiones más en torno a la despatologización de la homosexualidad. “En 1973 la Asociación de Psiquiatría de EE.UU. y en 1974 la Organización Mundial de la Salud determinaron que la homosexualidad no era una enfermedad mental. La Asociación Argentina de Psiquiatría (AAP) declaró que la homosexualidad no implica ninguna limitación en la capacidad del juicio, estabilidad, fiabilidad o capacidad vocacional. En 1992 la Organización Mundial de la Salud excluyó al comportamiento homosexual como conducta patológica, así comenzó a considerar a la homosexualdiad como una opción sexual que forma parte de la sexualidad humana.” “Mágicamente millones de personas dejaron de ser enfermos en un día. No se había inventado una vacuna instantánea: simplemente aquellos que habían asegurado que era una enfermedad decidieron que ya no había tal enfermedad.”
Entendemos que ni las palabras ni el lenguaje empleado son inocentes. Por este motivo creemos necesario rever el concepto de fobia. El diccionario de la Real Academia Española en su acepción referida a la psiquiatría define la fobia como "Temor angustioso e incontrolable ante ciertos actos, ideas, objetos o situaciones, que se sabe absurdo y se aproxima a la obsesión."
Nos podemos preguntar entonces ¿Por qué para hablar de discriminación, violencia y estigmatización hacia un sector específico de la sociedad recurrimos a un término que refiere a un temor que el sujeto no puede controlar? Denominar fobia a estos comportamientos es en cierto modo desresponsabilizar a aquellos sujetos que cometen actos de odio. No existe el temor a lesbianas, bisexuales, intersex, g**s, travestis y trans, sí existe el odio.
No desconocemos que con frecuencia se puede odiar a lo que se teme, lo desconocido, distinto a los cánones de la norma. Todo este espectro de diferencias hace añicos la tan regulada heteronormatividad y llena de preguntas la vida cotidiana, sexual y desiderativa de las personas contenidas por la norma. De forma tal que toda persona que comporte diferencias resulta aterradora porque encarna una amenaza hacia el sistema (familia, Estado) y a quien está inmerso en él y hacia uno/a mismo/a, en cuanto a mandatos y estructuras. Estas amenazas son catalogadas como desviaciones a la norma y deben eliminarse, erradicarse y allí se construyen los discursos odiantes y la pedagogía del odio que intentan normalizar estas subjetividades.