24/11/2025
Podría pensarse, tomando una metáfora muy familiar hoy, que el trabajo analítico funciona como un ‘zoom’.
Primero vemos los grandes rasgos; después, al acercarnos, van apareciendo los matices, las grietas, lo que no se veía. Hasta llegar —si el proceso lo permite— a algo así como los ‘píxeles’ de la imagen: las pequeñas unidades que la conforman.
No es un camino rápido ni lineal. Pero justamente ahí aparece algo del valor del análisis: hacer visible lo que estaba pegado, confuso o naturalizado. Y que, al volverse visible, deja de organizar silenciosamente la vida del sujeto.
Ese trabajo de acercamiento, de detalle y de lectura, no busca soluciones mágicas ni recetas. Busca otra cosa: que el sujeto deje de estar atrapado en el padecimiento, en lo que lo hace sufrir. Y que pueda, a su tiempo, alojar la pregunta por lo propio.”