19/02/2026
1. Contacto visual escaso, incluso con personas del entorno cercano.
2. Dificultad para interpretar gestos, miradas o expresiones faciales.
3. Intereses muy específicos, intensos y repetitivos.
4. Sensibilidad aumentada o disminuida frente a sonidos, luces, texturas u otros estímulos.
5. Evita el contacto físico, incluso con familiares.
6. Demora en la adquisición del lenguaje o lenguaje precoz pero con poca intención comunicativa.
7. Repetición frecuente de palabras, frases o diálogos (ecolalia).
8. Escaso o nulo juego simbólico (hacer “como si…”).
9. Tendencia a elegir actividades individuales por sobre el juego compartido.
10. Malestar marcado ante cambios en la rutina o situaciones inesperadas.
11. Movimientos repetitivos del cuerpo o de las manos.
12. Fijación en partes específicas de los objetos (por ejemplo, ruedas).
13. Desregulaciones emocionales intensas que parecen exceder la situación.
14. Dificultad para comprender dobles sentidos, ironías o bromas.
15. Mayor foco en objetos que en la interacción con personas.
16. Respuestas muy intensas frente a ciertos olores, sabores o estímulos sensoriales.
17. Atención extrema a detalles con dificultad para integrar la información global.
18. Dificultad para identificar o expresar emociones con claridad.
Un comportamiento aislado no define un diagnóstico.
En autismo observamos patrones en el desarrollo, no señales sueltas.
Estos indicadores pueden ayudarnos a “encender el radar”, pero la confirmación o descarte requiere una evaluación profesional integral.
La intervención temprana cambia pronósticos ✨