07/03/2026
Esta semana escuché muchas historias similares.
El primer o segundo día de clases el colegio llama a los padres para hablar de las dificultades del niño.
Y aunque muchas veces hay preocupación genuina, también hay algo que necesitamos empezar a cuestionar.
Un niño que estuvo dos meses fuera de la rutina escolar necesita tiempo para volver a adaptarse.
Y mucho más si además hay colegio nuevo, docentes nuevos, compañeros nuevos y nuevas demandas.
Para muchos niños —especialmente para aquellos con desafíos en el desarrollo— el inicio de clases implica procesar una enorme cantidad de información nueva.
Esperar respuestas inmediatas no es realista.
Y esto no es una crítica a los docentes.
Muchas veces ellos también trabajan sin herramientas suficientes, con aulas numerosas y con un sistema que exige resultados rápidos.
La inclusión real no empieza señalando dificultades.
Empieza observando al niño.
Observando qué le interesa, qué disfruta, para qué es habilidoso, con quién logra vincularse y qué necesita para aprender.
Porque antes que un alumno con dificultades, primero es un niño.
Y los niños necesitan tiempo.
Si sos mamá o papá y recibiste ese llamado en los primeros días de clase, recordá algo importante:
Tu hijo no está llegando tarde.
Está haciendo lo mejor que puede para adaptarse.
Ojalá algún día hablemos de inclusión de verdad.