04/03/2026
El llamado “Último Primer Día” (LUPD) se instaló como un ritual adolescente casi obligatorio.
Pero detrás de lo que parece un festejo, muchas veces se esconde una realidad que preocupa.
Cada año vemos adolescentes que pasan toda la noche sin dormir, consumen alcohol en exceso y llegan al colegio en condiciones físicas y emocionales riesgosas.
Y la pregunta incómoda es necesaria:
👉 ¿En qué momento naturalizamos que para celebrar haya que dañarse?
El cierre de una etapa tan importante como el final del secundario merece rituales.
Los rituales ayudan a despedirse, a crecer, a transitar cambios y emociones profundas.
Porque sí:
crecer entusiasma… pero también da miedo.
El problema no es celebrar.
El problema es cuando el festejo implica riesgos reales para la salud física y mental.
El consumo de alcohol en menores:
afecta el cerebro en desarrollo
disminuye la capacidad de autocuidado
aumenta accidentes, intoxicaciones y situaciones de vulnerabilidad
Y muchas veces deja a familias, docentes e instituciones atravesando momentos de enorme angustia.
💬 Como adultos todavía estamos a tiempo.
Incluso horas antes.
Poner un límite no excluye: protege.
Proponer alternativas saludables no arruina el recuerdo: lo hace seguro.
Los adolescentes necesitan celebración, pertenencia y acompañamiento.
Pero también necesitan algo fundamental:
👉 adultos que hagan red y cuiden en conjunto.
Celebrar el crecimiento debería ser un paso hacia adelante…
no una situación de riesgo.
Porque cuidar también es educar.
Y acompañar, muchas veces, significa animarse a decir:
“Esto no está bien. Busquemos otra forma.”