27/09/2020
Aportes para una reflexión: "Sin salud, sin educación, sin justicia, se debilita la sociedad".
Con la crisis del año 2000 se amplió la utilización de las tecnologías de la información.
Para el año 2008, en el Estado se fortalece la sistematización electrónica de los datos personales, a fin que el entrecruzamiento de datos permitiera conocer la situación socioeconómica de las personas, para supuestamente mejorar las intervenciones, hacerlas más eficaces.
Si bien esto ha facilitado el entrecruzamiento de datos, no necesariamente agiliza las gestiones, por diversas cuestiones del verticalismo y la burocracia institucional.
Actualmente, todo ha sido atravesado por la utilización de redes y portales electrónicos, donde se deben colocar datos personales e incluso exponer la imagen de niños, como ocurre en las actividades escolares. Este cambio de apreciación respecto a la exhibición permanente de las personas menores de edad, choca con la manera que concebíamos antes del ASPO esta cuestión.
Año 2020, se amplían aún más la utilización del sistema electrónico de los datos personales para sobrellevar la vida cotidiana del trabajo, la educación, la salud y la justicia. Obviamente que las compañías de software ven acrecentadas sus ganancias con esto.
Habrá que evaluar en tanto mecanismos de control social, cual es el impacto a mediano y largo plazo, en cuanto a las relaciones sociales, las formas de vinculación, la inclusión-exclusión. ....................................
A la luz de la lectura de la realidad que se puede hacer, podría pensarse que el espacio culturalmente compartido, donde se construyen vínculos y saberes desde las bases, se debilita, o imposibilita. Con un alto costo.
Justamente los mecanismos para hacer frente al padecimiento humano tienen raíces en la "construcción colectiva de sentidos y significados", de una narrativa común compartida. Lo social necesita superar el individualismo, el aislamiento y la exclusión.
Las intervenciones, los enfoques, se descubren en un paradigma con lenguaje bélico, que poco ayudan a lo "sanitario", a la medicina preventiva y a la salud pública.
Se habla de inclusión desde la exclusión, el "otro" se construye simbólicamente, plausible de ser potencial portador, sospechoso, vector, transmisor de un organismo maligno, acrecentando los padecimientos humanos.
Dicha construcción desde el lenguaje opera hacia la exclusión del otro. Dando lugar hasta incluso la fragmentación de grupos que se mantenían ciertamente más unidos, o medianamente cohesionados.
Desde el trabajo social, para arribar al diagnóstico de situación, para elaborar estrategias de intervención o diseñar programas, políticas públicas, se recurre a la investigación, al análisis multidimensional que atraviesa a las comunidades.
El padecimiento humano, se estudia en relación al contexto de los procesos de salud-enfermedad, de las condiciones de habitabilidad, de nivel de escolarización, de ingresos, de trama familiar, historia de vida, trayectorias, red comunitaria, y así podríamos continuar.
Podemos pensar determinada problemática de salud en relación a diferentes factores de estudio:
covid y desempleo, covid y enfermedad autoinmune preexistentes, covid y condiciones habitacionales, covid y adultos mayores, covid y violencia familiar, covid, ASPO y mal trato infantil, covid y educación, covid y tuberculosis, covid y ecosistema, covid y síndrome del quemado en el personal sanitario, covid y recursos, etc .
Incluso cada una de estas relaciones se pueden desagregar desde lo general hacia un análisis más específico.
Entonces un problema de salud, que presenta impacto ambiental, se constituye en una problemática social, porque las personas existimos dentro de un ecosistema. Valorar la riqueza de la interacción del ecosistema con la comunidad y el individuo, nos brinda herramientas para pensar salidas. Así, somos interpelados por nuestra intervención en la realidad concreta, cotidiana.
En mi opinión, luego de años de estudiar en la universidad y continuar capacitándonos, siempre nos hemos apoyado en la editorial de la OMS.
Y en este momento es importante rescatar estudios de trabajo de campo propios (observaciones, sistematizaciones, diagnósticos, ejecución de dispositivos y evaluaciones de impacto), donde podamos contar con saberes que promueven la salud.
El neo discurso oficial sobre la salud global, con particularidades, nos habla desde un saber hegemónico que descuida las diferentes ramas de la medicina, las diferentes disciplinas que hacen en su conjunto a un mejor entendimiento de la situación.
Por eso oportuno recuperar los saberes de la medicina tradicional, la medicina ancestral de los pueblos, que acompañada con la medicina occidental alópata, nos puede abrir a una perspectiva integral de los procesos de salud. Que integra al ser en su dimensión física, mental, emocional y espiritual.
Entonces, no seamos ingenuos, la organización que antes nos aportaba línea, no siempre responde a los intereses de los Estados Nación.
Una organización transnacional que cambia parámetros de estudio, sin consensos, podría convertirse en una organización que comete equivocaciones, o incluso delitos, dependiendo de los intereses que representa o de que corporaciones la financian.
Algunas veces también, los funcionarios políticos, son "funcionales" a intereses de dichas corporaciones, en términos de corrupción.
Por otro lado, las políticas sociales implementadas muchas veces son muy focalizadas, transitorias o tienen un límite económico, para atender las necesidades del pueblo, o las secuelas que dejará la pandemia.
Por eso es valioso ante la incertidumbre y la desinformación no dejarse llevar por los medios masivos de propaganda del temor.
Contamos como especie, con un acervo impresionante en materia de conocimientos para el fortalecimiento de la salud de la sociedad.
Preexisten a la medicina occidental, prácticas ancestrales. Podemos mencionar el yoga y ayurveda, disciplinas milenarias.
Mientras la ciencia médica avanza, los saberes antiquísimos funcionan plenamente.
En la cultura comunitaria, es donde anidan los referentes barriales, el club del barrio, los centros de jubilados/as, asociaciones vecinales y muchos espacios donde se co-construye desde el intercambio con el otro, saberes protectores de la salud.
Un pueblo deprivado, por un periodo prolongado, con ciertas restricciones, podría sucumbir a imposiciones sobre su cuerpo, en detrimento de su salud (no reír, no cantar, no gritar). Se va normalizando, se avasalla, como forma de regulación de la conducta. Se inculpa.
Esto podría derivar en consecuencias a mediano y largo plazo en la salud mental de la población.
Pero, al ser una pandemia un problema social, la salida también será social. De construcción con el otro, de una narrativa colectiva, común, como ha sucedido en otras épocas de crisis mundiales. La historia narrada por los protagonistas, contada por cada uno y no solo por el discurso oficial imperante.
Hay muchas figuras de apego, ejerciendo una gran labor de apoyo afectivo ante la desesperanza y en dirección contraria la desidia.
Entonces sobreponerse a la adversidad luego de la pandemia, será un trabajo arduo para los pueblos, más allá de las elites dominantes que siembran el miedo y la muerte.
Cuanto más fuerte es el ataque de quienes dominan el mundo, es porque están preocupados de que sus movimientos delictivos se sepan, o también es que estaremos cerca de superar cierto umbral cultural que no le beneficia a ese grupo de depredadores del ecosistema, que viven desde la avaricia más cruenta, traicionando y explotando a la humanidad.
Por eso animémonos a investigar, a acrecentar nuestros saberes sobre el cuidado de la salud, conversemos con profesionales de distintas disciplinas, fortaleciendo nuestros vínculos. Hagamos comunidad, sin ingenuidad.
Lic. Nancy Alfonso