07/12/2025
Gran parte de lo que hacemos, deseamos y sentimos está guiado por un sistema interno de recompensas compuesto por cuatro sustancias clave: dopamina, oxitocina, serotonina y endorfinas.
La dopamina es presentada como la chispa que enciende el deseo, la anticipación y la búsqueda de objetivos; no es la molécula del placer sino del “quiero más”, del impulso que nos mueve hacia adelante y nos mantiene enfocados. Cuando el sistema dopaminérgico se desequilibra, buscamos recompensas rápidas y caemos en ciclos de ansiedad, procrastinación o adicción; pero cuando lo regulamos, se convierte en un motor de disciplina, claridad y motivación sostenible.
La oxitocina, en cambio, es la molécula del vínculo: potencia la confianza, la empatía y la sensación de conexión con otros, activan circuitos profundos que reducen el estrés y aumentan la capacidad de resiliencia emocional.
La serotonina aparece como la sustancia de la estabilidad, del bienestar tranquilo y de la seguridad interna. No produce euforia, sino equilibrio: regula el estado de ánimo, el sueño, la digestión y la capacidad de sentirnos satisfechos con quienes somos. Cuando está baja, la mente se vuelve rumiativa e insegura; cuando está alta, sentimos calma, claridad y autoafirmación.
Finalmente, las endorfinas representan el sistema analgésico interno del cuerpo: se liberan ante el ejercicio, la risa, el dolor controlado y ciertas experiencias estéticas. Son un mecanismo biológico de supervivencia que bloquea el malestar, suaviza el estrés y permite recuperar energía mental.
En síntesis, la clave no es maximizar cada neuroquímico, sino comprender cómo interactúan entre sí y cómo estimularlos de forma equilibrada. La dopamina impulsa, la oxitocina conecta, la serotonina estabiliza y las endorfinas alivian: juntas, estas sustancias crean el estado mental óptimo para la salud, la toma de decisiones, la creatividad y la regulación emocional.
Libro: THE DOSE EFFECT
De: Tj Power, Neurocientífico