20/01/2026
Muchos problemas de salud no se deben a genes “defectuosos”, sino a genes que funcionan de manera subóptima por influencia del entorno, el estilo de vida y la carga bioquímica diaria. Los genes no son un destino fijo: su expresión puede alterarse positiva o negativamente según cómo dormimos, comemos, respiramos, manejamos el estrés y nos exponemos a toxinas. Un “gen sucio” es aquel que está sobrecargado, inflamado o bloqueado funcionalmente, no mutado de forma irreversible.
Existen genes que son reguladores clave del metabolismo, la detoxificación, la respuesta al estrés, la inflamación y la neurotransmisión, cuando estos genes se ven exigidos de manera crónica —por dieta inadecuada, déficits micronutricionales, toxinas ambientales, infecciones, estrés psicoemocional o privación de sueño, genera síntomas como fatiga, ansiedad, intolerancias alimentarias, problemas cognitivos, trastornos digestivos y alteraciones inmunes dentro de un mismo marco mecanístico.
La salud se recupera cuando se reduce la carga total que el organismo debe procesar.
La enfermedad no emerge de un solo gen dañado, sino de la desregulación progresiva de sistemas interconectados. Al intervenir sobre esos sistemas de manera secuencial y lógica, se puede restablecer la función genética y, con ello, la salud global.
Libro: Genes sucios
De: Dr Ben Lynch