01/11/2025
A los niños les gusta disfrazarse por varias razones que combinan aspectos psicológicos, emocionales y del desarrollo:
1. Exploración de la identidad 🧠
El disfraz les permite “probar” diferentes identidades —ser héroes, animales, monstruos o adultos— sin consecuencias reales. Es una forma de experimentar quiénes pueden ser y cómo se sienten en distintos roles.
2. Juego simbólico 🎭
Disfrazarse forma parte del juego simbólico o de “hacer como si”, que aparece alrededor de los 2-3 años y es fundamental en el desarrollo cognitivo. A través de él, los niños aprenden a representar el mundo, a comprender emociones y a desarrollar la empatía.
3. Expresión emocional y creatividad 🎨
Los disfraces permiten expresar deseos, temores o aspiraciones. Por ejemplo, disfrazarse de superhéroe puede darles sensación de poder y control, mientras que un disfraz de monstruo puede servir para elaborar miedos internos.
4. Búsqueda de reconocimiento y pertenencia 🤝
Disfrazarse también es una forma de integrarse socialmente. Durante fiestas o juegos grupales, compartir el “mundo imaginario” con otros les da un sentido de pertenencia y refuerza vínculos.
5. Liberación de normas y límites 🌈
En el disfraz hay permiso para transgredir lo cotidiano: ser algo distinto, más fuerte, más valiente, más gracioso. Esa libertad momentánea es profundamente placentera y estimulante.
En palabras de Donald Winnicott, el juego (y por extensión el disfraz) se desarrolla en un espacio transicional, un terreno intermedio entre la realidad y la fantasía donde el niño crea y se construye a sí mismo.