27/06/2021
El método de ensayo y error es uno de los más básicos y el que primero ponemos a prueba los seres humanos desde la más tierna edad; lo hacemos con nuestro cuerpo cuando podemos manejar de forma voluntaria las distintas partes, con los objetos que nos rodean, con las personas que están cerca viendo cómo reaccionan ante nuestras conductas (quienes tengan hijos o hayan tenido contacto con bebés ya deben tener en mente algunas anécdotas).
El punto es que es innato experimentar y el error forma parte de este proceso para conocer el mundo y aprender. Cuando los adultos castigamos el error, generamos culpa por los errores o vergüenza, estamos poniendo serias trabas y obstáculos a esta experiencia vital de seguir aprendiendo.
En los niños la consecuencia se refleja como el temor a hacer algo (o incluso responder o preguntar) si hay la posibilidad de equivocarse, la negativa a intentar cosas nuevas si no hay garantías de éxito, la sensación de ansiedad ante la posibilidad de equivocarse y esconder cualquier indicio de que "metieron la pata".
Si lo ponemos en términos del costo emocional que tiene nuestra actitud como padres ante los errores, esto sucede:
💔 Generamos ansiedad o temor donde podría haber más curiosidad o iniciativa.
💔 Generamos un distanciamiento emocional con nuestros hijos.
💔 Nos perdemos la oportunidad de ser referentes a la hora de que necesiten ayuda cuando ha sucedido algo como consecuencia de una "metida de pata" y en ellos este punto significa sentirse solos cuando podrían pedirnos ayuda.
Qué tal si podemos usar esos momentos para generar otra experiencia? :
✨ Partir de la reflexión de qué hicimos, cuál era nuestro objetivo y cuál fue el resultado?.
✨ Ahora que sucedió esto, qué podemos hacer? E invitarlos a generar soluciones.
✨ Y cuando nos encontremos en una situación similar, que otras opciones tenemos a nuestro alcance?.
✨ Qué aprendimos de esta situación?
La idea es que en equipo analicemos y aprendamos.
Andrea Doffigny Velarde
Psicóloga