Doctor Salinas

Doctor Salinas ¿Te dijeron crónico?

02/05/2026

LA SUSTANCIA QUE EL ARTÍCULO 360 DEL REGLAMENTO SANITARIO PROHÍBE EN EL PAN CHILENO… Y QUE CUATRO EMPRESAS VENDEN HOY POR INTERNET.
Se llama bromato de potasio. Fórmula KBrO₃.

La Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC) lo clasifica como carcinógeno del Grupo 2B. Argentina lo prohibió en 1998. Brasil, Perú, República Dominicana, toda Europa, Canadá, Japón, Australia: prohibido. En Chile el Artículo 360 del Reglamento Sanitario de los Alimentos (Decreto 977) lo dice con todas sus letras: “las mezclas de aditivos mejoradores de panificación usados en la industria panadera no deberán contener bromato de potasio.”
¿Y por qué la industria insiste hace casi 30 años en usarlo a escondidas?

Porque hace tres cosas que ningún sustituto natural hace tan barato y tan rápido:

1. Oxida el gluten y permite que la masa retenga más dióxido de carbono, es decir, más volumen con menos harina.
2. Acorta los tiempos de fermentación, acelera la producción.
3. Entrega un pan más esponjoso, miga blanca, corteza crocante y dorada. El cliente lo prefiere y vuelve a comprar.
Más pan, menos costo, más ventas. Esa es la ecuación.

¿Y qué hace adentro del cuerpo?
A corto plazo: al combinarse con el ácido clorhídrico del estómago genera ácido bromhídrico. Vómitos incoercibles, diarrea, daño renal agudo y daño al nervio auditivo (con sordera reportada en intoxicaciones agudas).
A largo plazo, la exposición crónica está asociada a cáncer de tiroides, cáncer de riñón y cáncer colorrectal.
Y aquí hay algo que nadie quiere mirar de frente: en Latinoamérica estos tres cánceres llevan décadas aumentando. A pesar de que la gente fuma menos. A pesar de que hay más gimnasios, más conciencia del ejercicio, más suplementación, más controles médicos. Los números no bajan, suben. Obviamente esto se tiene que mirar dentro del contexto de una alimentación cada vez más ultraprocesada. Y dentro de ese universo de ultraprocesados, alguno también puede contener bromato disimulado en su fórmula.

En 2026 todavía se reportan brotes de intoxicación masiva en Latinoamérica por panes con bromato.

Y aquí viene lo que nadie quiere que ustedes sepan: hace dos minutos puse “comprar bromato de potasio Chile” en Google. Estas son las cuatro empresas que lo venden libremente, hoy mismo, con despacho a todo el país:

🔹 Productos Químicos Chile — https://productosquimicoschile.cl/productos/bromato-de-potasio/
🔹 Productos Químicos — https://productosquimicos.cl/producto/bromato-potasio-1-kg/
🔹 Química Industrial Chile — https://quimicaindustrialchile.cl/producto/bromato-de-potasio/
🔹 Química Industrial — https://quimicaindustrial.cl/producto/bromato-potasio/

Lo que dice la ley en Chile, sin vueltas: el Artículo 360 del Reglamento Sanitario prohíbe el uso del bromato de potasio en panadería. Pero ninguna ley prohíbe su venta.

Lo cual es, por decirlo suave, contradictorio. Si se quiere limitar el uso, ¿para qué se permite la venta libre?
Y la cosa se pone más rara todavía cuando una de estas cuatro empresas, Productos Químicos Chile, promociona el producto exactamente para el rubro donde está prohibido. Su ficha dice textual:

“Eleva tu panificación a otro nivel con Bromato de Potasio. Obtén panes más esponjosos, con mayor volumen, corteza dorada y sabor inigualable. Ideal para panaderos profesionales y aficionados.”

“El Bromato de Potasio, también conocido como mejorador de pan, es un ingrediente esencial para panaderías, pastelerías y fábricas de productos alimenticios.”

Técnicamente, no viola ninguna ley. Vender es legal. Pero promocionarlo abiertamente para panadería, sabiendo que su uso ahí está prohibido, es fomentar el daño silencioso en el organismo de miles de personas que mañana en la mañana se van a comer una marraqueta sin saber qué les pusieron adentro.

Por eso desde 1998 ningún país ha podido erradicarlo del todo. Mientras la sustancia se siga vendiendo libre, alguien la va a comprar y la va a tirar a la masa.

Dr. Salinas

02/05/2026

Es 2025 y todavía estamos discutiendo lo mismo.
El bromato de potasio es un aditivo que se agrega a la harina para que el pan suba más, dure esponjoso y se vea perfecto. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer lo clasifica como posible cancerígeno para humanos desde 1999.
En 1998 Argentina lo prohibió. Después del 2000 cayeron Brasil, Perú, Colombia, la Unión Europea, Canadá, India, Nigeria, China, Sri Lanka. Y cada cierto tiempo aparece la misma noticia: una panadería clausurada en Uruguay, un laboratorio en República Dominicana que vuelve a detectarlo, una denuncia en Argentina donde lo siguen usando clandestinamente pese a la prohibición.
Diciembre de 2025: en la Cámara de Diputados de México se presentó una iniciativa para prohibirlo en todo el país, con retiro inmediato del mercado y destrucción de los productos que lo contengan. Casi treinta años después de que ya se sabía.
Y mientras tanto, sigue aumentando los casos de cáncer en todos estos países.
El pan blanco esponjoso de cada mañana no es inocente. Es química industrial al servicio del rendimiento, no de su salud. Lea la etiqueta. Pregunte a su panadero. Y si quiere proteger su hígado, sus riñones y su tiroides, vuelva al pan de verdad o, mejor todavía, déjelo.

Referencia:
Iniciativa que reforma y adiciona diversas disposiciones de la Ley General de Salud, en materia de protección a la salud al prohibir el uso de Bromato de Potasio. Cámara de Diputados de México, Gaceta Parlamentaria, año XXIX, número 6936-II-4, 10 de diciembre de 2025.

02/05/2026

EVIDENCIA CIENTÍFICA DE QUE EL ULTRASONIDO SE ADELANTA A LOS EXÁMENES DE SANGRE EN EL DIAGNÓSTICO DE PATOLOGÍAS METABÓLICAS

En mi práctica clínica también me enseñaron a ver al paciente con anamnesis y con exámenes de sangre. Esa fue la base de mi formación, la misma base que recibimos todos los médicos en la universidad y en los hospitales. Nunca me enseñaron, en ningún momento de mi formación, que el ultrasonido se adelanta a los exámenes de laboratorio. Esto no es un problema de la enseñanza ni una crítica a quienes me formaron. La medicina es tan vasta y tan compleja que hasta el día de hoy se sigue estudiando, se sigue actualizando, se sigue descubriendo. Cada generación de médicos aporta algo nuevo y cada uno de nosotros debe seguir aprendiendo durante toda la vida.
Sin embargo, cuando empecé a dedicarme de manera exclusiva al ultrasonido, comencé a darme cuenta de algo en consulta que no encajaba con lo que había aprendido en los libros. Llegaban pacientes con evidente sobrepeso, muchos con franca obesidad, con múltiples síntomas a cuestas, fatiga, somnolencia después de comer, dolor en hipocondrio derecho, distensión abdominal, mala digestión, alteraciones del ciclo menstrual, dificultad para bajar de peso, antecedentes familiares cargados de diabetes. Pacientes con un cuadro clínico claro de problema metabólico instalado. Pero llegaban con sus exámenes de sangre en la mano y todo aparecía dentro de los rangos normales. Glicemia en ayunas normal, perfil hepático normal, perfil lipídico apenas en el límite. En el papel estaban “sanos”.
Y sin embargo, la ecografía siempre estaba alterada. Hígado graso evidente. Páncreas hiperecogénico. A veces ambos. Vesícula con barro biliar incipiente. Esteatosis instalada en distintos grados. La imagen contaba una historia distinta a la del laboratorio. La imagen mostraba la enfermedad metabólica en pleno desarrollo, mientras la sangre todavía no había llegado a delatarla.
Esa repetición de casos, día tras día, año tras año, me llevó a cuestionarme todo.
Si lo estaba viendo yo en mi consulta de Chile 🇨🇱 , era imposible que fuera el único en el mundo en haberlo notado. La medicina no funciona así, los hallazgos clínicos importantes terminan publicados tarde o temprano. Por eso empecé a indagar en profundidad en la literatura científica internacional, a leer artículos en inglés, revisiones sistemáticas, metaanálisis, estudios poblacionales grandes. Y la respuesta apareció rápido.
Esta observación está descrita en revistas médicas de primer nivel desde hace más de veinte años. La describieron antes investigadores en Estados Unidos, en Italia, en China, en Brasil, con miles y miles de pacientes estudiados.
El Dallas Heart Study, publicado en la revista Hepatology el año 2004 por Browning y colaboradores, evaluó adultos en Estados Unidos con resonancia magnética con espectroscopía, el método más exacto para medir grasa hepática. El resultado fue contundente. El 79 por ciento de los adultos con hígado graso confirmado tenía las transaminasas dentro del rango normal de laboratorio. Casi ocho de cada diez pasarían por sanos en un control rutinario.
El Dionysos Study, realizado en el norte de Italia y publicado en Hepatology el año 2005 por Bedogni y colaboradores, llegó a una cifra similar. El 55 por ciento de los italianos con NAFLD diagnosticada por ecografía tenía ALT normal en sangre.
Un metaanálisis sistemático publicado en BMC Gastroenterology el año 2020, firmado por Ma y colaboradores, agrupó once estudios independientes con un total de 4.084 pacientes. El resultado consolidado fue claro. El 25 por ciento de todos los pacientes con hígado graso tenía ALT completamente normal, y aún en los pacientes con esteatohepatitis no alcohólica, que es la forma más avanzada con inflamación instalada, el 19 por ciento seguía teniendo exámenes de sangre normales.
Mofrad y colaboradores, en Hepatology el año 2003, demostraron mediante biopsia hepática que pacientes con transaminasas estrictamente normales podían tener todo el espectro de enfermedad, desde esteatosis simple hasta fibrosis avanzada. Es decir, el daño podía estar instalado y progresando con un perfil hepático impecable.
Para el páncreas la evidencia es la misma. Wang y colaboradores, en el Journal of the American Heart Association el año 2014, estudiaron 8.097 sujetos en China y demostraron que el páncreas graso visto por ecografía se asocia de manera independiente con síndrome metabólico y prediabetes antes de que la glicemia en ayunas se eleve sobre los rangos diagnósticos. Khoury y colaboradores, en Digestive Diseases and Sciences el año 2017, ratifican que la infiltración grasa pancreática es un predictor temprano de diabetes tipo 2, anterior en el tiempo a la alteración significativa de la hemoglobina glicosilada.
La razón biológica es simple y elegante. La transaminasa se eleva cuando el hepatocito ya está sufriendo daño y libera sus enzimas al torrente sanguíneo. La glicemia se altera cuando el páncreas ya no logra compensar la resistencia a la insulina. Son marcadores de claudicación, no de inicio. La ecografía, en cambio, detecta el depósito de triglicéridos dentro de la célula desde mucho antes, en la fase silenciosa de almacenamiento. La imagen ve el problema cuando recién está empezando, la sangre lo delata cuando ya lleva años instalado.
Por eso hoy, después de más de siete años dedicado exclusivamente a la ecografía, después de evaluar más de cinco mil pacientes con el mismo equipo y el mismo protocolo, lo digo con tranquilidad y con respaldo bibliográfico. Si su examen de sangre salió normal pero usted siente que algo no anda bien, si tiene sobrepeso, fatiga, mala digestión, antecedentes familiares de diabetes, no se conforme con un papel que diga “todo en orden”. Pida una ecografía abdominal  realizada por un doctor experto, con experiencia, y si aplica fisiopatología y la fusiona con las imágenes, logrará un diagnóstico impecable. La imagen le mostrará lo que la sangre todavía no es capaz de detectar. Y mientras antes lo vea, antes podrá revertirlo.

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Bibliografía

Bibliografía
– Browning et al. Dallas Heart Study. Hepatology, 2004. (2.287 sujetos, resonancia magnética con espectroscopía)
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/15565570/
– Bedogni et al. Estudio Dionysos. Hepatology, 2005. (3.345 sujetos)
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/15895401/
– Mofrad et al. Espectro histológico de NAFLD con ALT normal. Hepatology, 2003. (101 pacientes con biopsia)
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/12774006/
– Fracanzani et al. Daño hepático severo con transaminasas normales. Hepatology, 2008. (458 pacientes con biopsia)
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/18752331/
– Wang et al. Páncreas graso en población china. J Am Heart Assoc, 2014. (8.097 sujetos)
https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC3959709/
– Singh et al. Grasa ectópica en páncreas. Metaanálisis. Metabolism, 2017.
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/28285651/
– Ma et al. NAFLD con ALT normal. Metaanálisis. BMC Gastroenterology, 2020. (4.084 pacientes)
https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC6961232/
– Younossi et al. Epidemiología global de NAFLD. Hepatology, 2016. (8,5 millones de personas)
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/26707365/
– Chalasani et al. Guía Clínica AASLD para NAFLD. Hepatology, 2018.

¿Cómo se ve el páncreas graso, o infiltración grasa difusa del páncreas, en una ecografía y por qué casi siempre se pasa...
02/05/2026

¿Cómo se ve el páncreas graso, o infiltración grasa difusa del páncreas, en una ecografía y por qué casi siempre se pasa por alto?

La respuesta corta es que se ve blanco, hiperecogénico, más brillante que el hígado y que la corteza renal. La respuesta larga, que es la que importa, tiene que ver con una dificultad técnica real que la mayoría de los operadores no logra resolver. El páncreas no es un órgano fácil. Está ubicado en el retroperitoneo, profundo, escondido detrás del estómago y por delante cubierto en gran parte por el colon transverso. Cuando uno apoya el transductor en el epigastrio, lo primero que aparece es una banda hiperecogénica con sombra acústica posterior que no es páncreas, es gas colónico. Ahí mismo se equivoca quien no tiene entrenamiento, porque confunde esa pared brillante con la glándula, o peor aún, declara que el páncreas no se logra visualizar y termina el examen.
En mi práctica clínica diaria me he dado cuenta de que simplemente se pasa por alto este órgano. Y esto no es algo poco común. Recibo mensajes constantemente al interno con imágenes de ecografías, donde el informe describe el páncreas como “de caracteres morfológicos normales”, sin mencionar una sola palabra sobre la ecogenicidad. ¿Por qué pasa esto? Porque el operador asume que el brillo que aparece en pantalla viene del gas colónico, y entonces no se molesta en describirlo. Esa es justamente la razón por la que es fundamental desplazar el colon antes de informar. Si uno no separa el aire del colon, nunca va a poder decir si la glándula que está debajo es normal o está infiltrada por grasa. Y mientras el páncreas siga apareciendo como “normal” en informes apurados, miles de pacientes con problemas metabólicos serios van a quedar sin diagnóstico.
La técnica correcta exige paciencia. Hay que comprimir gradualmente con el transductor para desplazar el aire del colon hacia los lados, posicionar al paciente en distintos decúbitos, usar la ventana hepática izquierda atravesando el lóbulo izquierdo del hígado, y muchas veces dar agua al paciente para llenar el estómago y usarlo como ventana acústica natural. Recién en ese momento aparece la imagen real del páncreas en corte transversal.
La clave del diagnóstico está en el contraste con el bazo. El bazo es la referencia natural más confiable que tenemos a mano cuando evaluamos páncreas. Un páncreas sano es isoecogénico respecto al hígado y discretamente más brillante que el bazo. En cambio, un páncreas graso aparece marcadamente hiperecogénico, mucho más blanco que el bazo, mucho más blanco que el hígado, y con un contraste tan llamativo que la glándula se destaca como una franja luminosa en medio del abdomen superior. Cuando uno desliza el transductor desde el flanco izquierdo y compara directamente la ecogenicidad del bazo, oscuro homogéneo, con la del páncreas brillante adyacente, la diferencia es inmediata. Esa comparación no se puede falsificar, está ahí, en pantalla, y es reproducible en cualquier equipo de ecografía del mundo.
Y aquí viene el punto más importante de todos. El páncreas y el hígado son órganos hermanos en términos metabólicos. Comparten irrigación a través del sistema porta, comparten la regulación hormonal, comparten la función central en el manejo de la glucosa y de los lípidos. Cuando un paciente tiene hígado graso, lo más probable es que también tenga páncreas graso, y viceversa. La esteatosis hepática y la esteatosis pancreática son dos caras de la misma moneda metabólica. Por eso cuando informo un hígado graso, jamás dejo de evaluar el páncreas en el mismo examen. Y cuando aparece la combinación de ambos, el paciente ya tiene en pantalla la explicación visual de su obesidad, su resistencia a la insulina, su prediabetes o su diabetes franca. Es la imagen que ningún examen de sangre entrega con esa claridad.
Cuando ese páncreas se ve más blanco que el hígado y mucho más blanco que el bazo, hablamos de infiltración grasa difusa, también llamada esteatosis pancreática o NAFPD por sus siglas en inglés. El mecanismo es idéntico al del hígado graso, los triglicéridos se acumulan dentro de las células del órgano, se generan miles de interfaces grasa-agua, y las ondas del ultrasonido rebotan con mayor intensidad. El resultado es una imagen brillante, blanca, característica.
A esto hay que sumarle siempre la correlación clínica, que es donde se cierra el diagnóstico. El paciente con páncreas graso no es un dato aislado en la pantalla. Llega con signos visibles a simple vista, obesidad central, aumento del perímetro abdominal, acantosis nigricans en cuello y axilas, hígado graso ya documentado, resistencia a la insulina, hipertensión, dislipidemia. Estudios en miles de personas han mostrado que la NAFPD se asocia de manera independiente con síndrome metabólico, prediabetes, diabetes tipo 2, e incluso con mayor riesgo de cáncer pancreático. No es un hallazgo cosmético. Es una alarma metabólica que conviene tomarse en serio.

Bibliografía
– Lee JS, et al. Hyperechoic pancreas on ultrasonography: an analysis of its severity and clinical implications. Ultrasonography. 2022.
– Sepe PS, et al. A prospective evaluation of fatty pancreas by using EUS. Gastrointest Endosc. 2011.
– Lesmana CRA, et al. Prevalence of Non-Alcoholic Fatty Pancreas Disease (NAFPD) and its risk factors among adult medical check-up patients in a private hospital. JGH Open. 2015.
– Wang CY, et al. Enigmatic ectopic fat: prevalence of nonalcoholic fatty pancreas disease and its associated factors in a Chinese population. J Am Heart Assoc. 2014.
– Della Corte C, et al. Nonalcoholic fatty pancreas disease (NAFPD): a silent spectator or the fifth component of metabolic syndrome? A literature review. Endocr Metab Immune Disord Drug Targets. 2018.

02/05/2026
01/05/2026

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30/04/2026

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