29/11/2025
Quiero compartirles un material y una reflexión sobre cómo se puede entender la experiencia de las adicciones desde una mirada espiritual, inspirada en la perspectiva de Carl G. Jung.
Según él, la adicción no es solo un problema de consumo, sino que puede verse como una búsqueda espiritual frustrada, un intento (inconsciente) de llenar un vacío profundo en el alma. Muchas adicciones reflejan un vacío existencial o un “vacío de significado”, sugiriendo una "terapia del sentido" (Meaning Therapy) [Wong, P. T. P. (2020). Existential positive psychology and integrative meaning therapy. International Review of Psychiatry, 32(7‑8), 565–578. doi:10.1080/09540261.2020.1814703).]
En una carta muy conocida que Jung escribió a Bill Wilson, uno de los fundadores de Alcohólicos Anónimos [https://wccm.org/outreach-areas/addiction-recovery/carl-jung-letter-to-bill-w/], le dijo que el alcoholismo podía entenderse como una "sed de unión con lo divino". Desde esta mirada, la recuperación no se trata únicamente de dejar de consumir, sino de vivir una transformación profunda que le dé nuevo sentido a la vida.
Desde enfoques más experienciales, como los de Gendlin (felt sense), Greenberg (two-chair y empty-chair) o Elliott, se propone no imponer ninguna interpretación espiritual, sino más bien acompañar al paciente en la exploración de su propia vivencia. [Greenberg, L. S., & Elliott, R. (2004). Learning Emotion-Focused Therapy. APA Books.
https://www.apa.org/pubs/books/4317035]
Por ejemplo, si surge la sensación de vacío, anhelo o búsqueda, preguntar/preguntarnos: “¿Dónde sientes en el cuerpo esa sensación de búsqueda o esa falta que describes?”, “¿Tiene alguna forma, alguna imagen, algún deseo o dirección?”. Según Yalom, el cambio terapéutico profundo implica confrontar los "cuatro desafíos últimos" (muerte, libertad, aislamiento, falta de sentido) y redescubrir el propósito vital.
La idea no es moralizar ni dirigir el proceso, sino abrir espacio para que la persona, desde su sentir más auténtico, pueda reconectar con una dimensión más profunda: ya sea consigo misma, con otras personas, con la naturaleza o con algo más grande que ella.
En este camino, también es posible ayudar a la persona a descubrir qué valores o propósitos podrían ocupar el lugar que hoy llena la adicción. Además, se pueden proponer prácticas que conecten con lo corporal y lo vivencial (Focusing, meditación guiada, hipnosis clínica) para que emerja lo que aún no tiene forma clara. Un camino, una vía, medios para acompañar:
[- Rogers, C. (1961). On Becoming a Person. Houghton Mifflin.
Texto en Archive.org.
- Greenberg, L. S., & Elliott, R. (2004). Learning Emotion-Focused Therapy. APA Books:https://www.apa.org/pubs/books/4317035
- Madison, G. (2010s). Varios artículos en Person-Centered & Experiential Psychotherapies.]
Eso sí: es fundamental evitar reducir la adicción únicamente a un tema espiritual, porque eso podría hacer invisibles otras causas importantes, como traumas o contextos sociales difíciles. Y, éticamente, siempre hay que tener cuidado de no imponer creencias. Si surge la espiritualidad, que sea desde la experiencia propia del paciente, no como una doctrina externa.
En resumen, el papel del terapeuta no es dar respuestas, sino crear un espacio seguro y respetuoso donde la persona pueda descubrir, a su ritmo, el sentido profundo de su dolor y su posibilidad de transformación.
Link: https://www.youtube.com/watch?v=i_ZbmrptyXI&t=279s
Dios habla a sus elegidos a través de la adicción | Carl Jung